
“Vuelo en azul”: Marta Yglesias
Se amansa el cierzo y tantea, avergonzado, las zarandeadas ramas en cuyas laceraciones se asienta, a modo de apósito, el Sol mañanero, apenas tibio.
Leve vaivén de arbustos exhaustos con tatuajes de rosada que se deshacen en desiguales senderillos lacrimosos.
Asoma el humo sus insolentes grises por entre los sombreretes argamasados de las chimeneas y trota el cierzo por los bucles de leña incinerada componiendo breves estampaciones que se deshacen en rizos imposibles para desaparecer y recomponerse de nuevo entre bocanadas incansables.
Se amansa el cierzo y abraza, revoltoso, las figuras abrigadas que, a orillas del azud, lanzan guijarros escarchados, en sinfonía de chasquidos, contra la resquebrajada lámina de hielo.


No quiero imaginar ese frío bajo el cierzo. Lo que sí te digo, es que, como siempre, tu prosa caldea mi alma.
Así es más fácil cruzar el frío.
Abrazos
CIERZO, es un nombre q suena bien para llamar al viento de q hablas. En algún viaje a Aragón lo conocí y no pasa desapercibido.
Salu2.
El viento siempre encuentra un resquicio entre la ropa para recordarte su poderío y tu levedad. Y no, no pasa desapercibido; siempre victorioso.
Un abrazo, Trini, Sands.