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Archive for 6 enero 2009

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“Nude”: Stefano Menicagli


Ascendiendo lentamente por la improvisada rampa de madera, Carmencita salva los tres escalones que llevan a la Sala Pepito de Blanquiador. Sus manos, sorprendentememte finas aunque cubiertas por multitud de motitas amarronadas, aferran las empuñadoras laterales del andador y lo arrastran hasta atravesar el dintel en forma de arco que se abre al salón de exposiciones.
Los ojos pardos de Carmencita, cuyas gruesas gafas no logran afear, destilan diminutas lágrimas conforme van deteniéndose en los trazos enmarcados que festonean medio siglo de trabajo.
Carmencita, la modista, la hija del señor Longinos y de la señora Carmen, de Casa O Sastre, empuja con decisión el artilugio que le permite transportar, a pasitos cortos, su menudo y cansado cuerpo por el coqueto habitáculo donde se exhiben los figurines que fue creando a plumilla y carboncillo y que, llevados posteriormente a los metros necesarios de tela, conformaron la vestimenta de la mayoría de sus convecinas en días señalados.

A Carmencita le enseñó a coser su padre, el señor Longinos, modesto sastre habituado a la tosquedad de los tejidos de baratillo, que lo mismo daba la vuelta a un abrigo para ocultar los años de uso que tapizaba viejas sillas para eternizarlas en aquellos comedores de antaño que sólo se abrían para ser mostrados a las visitas.

A Carmencita la necesidad le despertó la imaginación y la falta de acceso a las revistas de moda, la creatividad, así que, metida a modista sin pretensiones, con un desvaído diploma de Corte y Confección expedido por la Sección Femenina y con una clientela de modestia archisabida, añadió a los habituales útiles de costura unos cuadernos de dibujo donde, según el gusto y las posibilidades del vecindario, creaba, con maña, figurines para todas las edades y condiciones.
Cuellos redondeados y en pico, solapas con finos pespuntes, canesús de nido de abeja o trabajosas puntillas, austeros trajes de sastre, blusones de mangas acampanadas, faldas de tabla, rectas o con vuelo, abrigos de pañete con cuello de borreguito… Y todas sus creaciones con el previsor doble y generosas costuras para que, con el transcurso del tiempo y de los cambios físicos de la clientela, pudieran ser ampliadas y recosidas hasta la extenuación.

Educada en la convicción de que todo es útil, Carmencita, una vez jubilada, guardó su colección de cuadernos y sus utensilios de modista en la falsa (=en aragonés, desván, buhardilla) de su vivienda, de donde han vuelto a salir para formar parte de la exposición Nuestra historia, nuestras gentes, inaugurada el pasado día 1 en la sede de la Asociación de Cultura Popular.

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