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Archive for 28 agosto 2009

"Spirits of the Cave": Jonathan Bailey

“Spirits of the Cave”: Jonathan Bailey


La Ley 3/1999, de 10 de marzo, del Patrimonio Cultural Aragonés afirma que el mismo  “está integrado por todos los bienes materiales e inmateriales relacionados con la historia y la cultura de Aragón que presenten interés antropológico, antrópico, histórico, artístico, arquitectónico, mobiliario, arqueológico, paleontológico, etnológico, científico, lingüístico, documental, cinematográfico, bibliográfico o técnico, hayan sido o no descubiertos y tanto si se encuentran en la superficie como en el subsuelo o bajo la superficie de las aguas“. La misma ley, ante infracciones por la realización de labores arqueológicas no autorizadas, establece que la cuantía de las sanciones oscilará entre 60.101 y 300.506 euros.

Y a la ley anterior pretende acogerse el gobierno aragonés para plantear expediente sancionador contra la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) en el caso de la apertura de una fosa de la guerra (in)civil en Valdearnero (Calatayud), donde, según el dictamen de los técnicos de Patrimonio, se procedió a la retirada de restos óseos contando con los preceptivos permisos municipales pero obviando los protocolos legislativos aragoneses.

Si ya resulta aberrante definir como excavación arqueológica aquello que, en realidad, supone la humanitaria y justa búsqueda y recuperación de quienes  -como consecuencia de la barbarie-  yacen repartidos por el subsuelo del territorio, ¿cómo denominar la nula consideración que de la Resolución de Naciones Unidas 47/133 sobre Desaparición Forzada, de 18 de diciembre de 1992 -ratificada por el gobierno español- tiene Patrimonio Cultural Aragonés?

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"Gothic Garden": Jan Neal

“Gothic Garden”: Jan Neal


Ya no se inclina hacia el río, asomada sobre  la barbacana, la solitaria higuera del Gortón de Francisquer que, en peligrosa aventura, atraía a la chiquillería  del Barrio con sus morados frutos, invitándola a ascender por el ribazo pedregoso y resbaladizo hasta coronar las toscas y afiladas piedras que, a modo de muralla, cercan el terreno al aire libre que se halla entre la Iglesia y la Casa Parroquial. Ni las dos podas de rejuvenecimiento de las últimas décadas ni los ulteriores cuidados que se le dieron pudieron salvarla de la muerte . Y aún guardan en la retina quienes, hoy hombres y mujeres, sucumbían año tras año a su sugerente llamada desde lo alto, la imagen troceada del desdichado árbol, con sus raíces enfermas al descubierto, aguardando, sobre el empedrado de la plaza, la llegada del camión del Ayuntamiento.

De Francisco Placer Castillazuelo, Francisquer, sólo queda la lápida, recién recompuesta, con las fechas de nacimiento  -1857- y muerte  -1932-, toscamente cinceladas en la superficie porosa y gris. De los hechos y dichos de Francisquer, en cambio, se nutren todavía  cuatro generaciones de habitantes del Barrio.

Cuéntase que, en cierta ocasión, se hallaba Francisquer podando uno de los árboles cercanos al río. Mosén Damián, el cura de entonces, que vio desde el repecho de la barbacana en qué condiciones estaba el hombre cortando las ramas  -alzando el astral sobre la misma rama en la que se hallaba sentado-  le gritó: “¡Que te vas a estozar, Francisquer!”. Y como si la rama hubiera esperado la percepción del clérigo, tronchose y precipitó al aposentado en ella sobre un lecho de exuberantes zarzas que crecían entre los cortantes guijarros del suelo. Pasado el aturdimiento por el golpe recibido y una vez confortado por las palabras y la cura de urgencia que le proporcionó el sacerdote, vino Francisquer a deducir que mosén Damián estaba alumbrado por el don de la profecía, poniéndose desde ese mismo instante a su servicio con el afán, que así lo contó a sus convecinos del Barrio, de que el hombre de Dios le diera cuenta del día y la hora de su muerte.

Convertido, pues, Francisquer, en ayudante voluntario del mosén, dio este último en buscarle alguna tarea que le ahorrase la presencia constante del feligrés revoloteando en torno suyo, y no se le ocurrió mejor cosa que encargarle la limpieza del viejo cementerio, ya en desuso, que se abría a un minúsculo claustro y que contenía, bajo un bosque de tupidos hierbajos, las sepulturas de cuatro o cinco notables del Barrio  -de filiación incierta- de los tiempos de Mari Castaña. Francisquer se aplicó a la labor convenida y el cura, que no solía pisar jamás el claustro de la Casa Parroquial, lo veía entrar y salir, siempre diligente, con una vieja carretilla desbordada de broza.

Pasado el tiempo y observando mosén Damián que la actividad en el viejo cementerio se mantenía con el mismo frenesí del principio, decidió asomarse al claustro para comprobar qué ocupación seguía entreteniendo al laborioso Francisquer en aquel lugar que, supuestamente, hacía meses que había sido recuperado a la maleza.

La incredulidad y el enojo, a partes iguales, paralizaron al sacerdote cuando, no bien hubo abierto la puerta que separaba la Abadía del camposanto, se dio de frente con varias hileras de abiertas lechugas sobresaliendo de la tierra húmeda, un conjunto de cañas entrecruzadas entre las que trepaban imponentes matas de judías y tomateras y cuatro o cinco filas de caballones de los que sobresalían las vistosas hojas de las patatas. Y, al fondo, junto al murallón de piedras cubiertas de hiedra que servía de frontera con la placeta exterior, afanábase Francisquer, jadico en ristre, en maigar un rectángulo de tierra con matas de cebollas.

-Por Dios bendito, Francisquer…-atinó a decir mosén Damián– ¿Qué has hecho con los que estaban enterrados aquí?

-No se apure, mosén, que los tengo debajo para que den más sustancia -, cuentan que respondió el ufano hortelano.

Mosén Damián hubo de ser asistido por don Blas, el practicante, que tomó las riendas del asunto e hizo que Francisquer y otros parroquianos destruyeran el naciente huerto y devolvieran aquel espacio a su primitivo uso.

Cuentan que el clérigo jamás volvió a tener tratos con Francisquer y que éste comprendió, por fin, que mosén Damián -al que sobrevivió veintidós años- no le haría llegar recado de la fecha de su muerte.


Pocos años después se colocaron losas de piedra sin pulir en las tumbas donde reposaban los restos humanos del claustro y, en la esquina lindante con la plaza de la Iglesia, brotó y se desarrolló, majestuosa, una higuera cuyas ramas, inclinadas hacia el río, regalaban sus preciados frutos a todo aquel capaz de olvidar que las raíces del árbol compartían el mismo lecho que los huesos descarnados de los desconocidos notables.

Y diose en llamar Gortón de Francisquer a aquel lugar.

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"2005_20": Bogdan Zwir

Art by Bogdan Zwir


El 30 de julio de 1749 tuvo lugar en tierras españolas un hecho vergonzoso al que apenas hacen referencia los estudiosos y divulgadores de los acontecimientos históricos y que, en edicto sancionado por el rey Fernando VI, no tenía otro objeto que “ prender a todos los gitanos avecindados y vagantes en estos reinos, sin excepción de sexo, estado ni edad, sin reservar refugio alguno a que se hayan acogido”(sic).

La Gran Redada o Prisión General de los Gitanos -que por ambas denominaciones es conocida la persecución a que fueron sometidos los gitanos y cuyo fin no pretendía sino su exterminio,-  fue una operación secreta organizada por el marqués de la Ensenada y el obispo de Oviedo y Gobernador del Consejo de Castilla, Gaspar Vázquez Tablada -aunque, evidentemente, el impulso fue soberano-. La aprehensión se preparó discretamente y se llevó a cabo de manera sincronizada, e incluso con el concurso del ejército,  en todo el territorio español, siendo detenidas entre 10.000 y 12.000 personas  -prácticamente la totalidad de los gitanos que vivían en España-.

Condenadas a prisión las mujeres  -junto con sus hijos e hijas-  y obligados a realizar trabajos forzados los hombres en arsenales y galeras, el confinamiento de los gitanos españoles se alargó, a todos los efectos, durante dieciséis años, hasta el 6 de julio de 1765, cuando, por mandato del rey Carlos III -hermanastro y sucesor de Fernando VI-,   se emite orden de liberar a todas las personas gitanas presas, aunque no sería hasta dieciocho años después cuando los últimos gitanos supervivientes -muchos perecieron en las cárceles- de la redada de 1749 recobrarían la libertad. ¡Treinta y cuatro años de encarcelamiento por haber nacido  gitanos!

Planteada por los ministros del rey la necesidad de establecer una nueva legislación sobre los gitanos, Carlos III solicitó que fuera retirada del preámbulo de la ley cualquier referencia a lo acontecido en 1749, alegando que “hace poco honor a la memoria de mi hermano”.


ANEXO
Pragmática del rey Carlos III sobre los gitanos (1783)

  • Declaro que los que llaman y se dicen gitanos no lo son por origen ni por naturaleza, ni provienen de raiz infecta alguna. Por tanto, mando que ellos y cualquiera de ellos no usen de la lengua, traje y método de vida vagante de que hayan usado hasta el presente, bajo las penas abajo contenidas.
  • Prohibo a todos mis vasallos, de cualquier estado, clase y condición que sean, que llamen o nombren a los referidos con las voces de gitanos o castellanos nuevos bajo las penas de los que injurian a otros de palabra o por escrito.
  • Es mi voluntad que los que abandonaren aquel método de vida, traje, lengua o jerigonza, sean admitidos a cualesquiera gremios o comunidades, sin que se les ponga o admitan, en juicio ni fuera de él, obstáculo ni contradicción con este pretexto. A los que contradijeren y rehusaren la admisión a sus oficios y gremios de esta clase de gentes enmendadas, se les multará por la primera vez en diez ducados, por la segunda en veinte y por la tercera en doble cantidad; y durando la repugnancia, se les privará de ejercer el mismo oficio por algún tiempo a arbitrio del juez y proporción de la resistencia.
  • Concedo el término de noventa días, contados desde la publicación de esta ley en cada cabeza de partido, para que todos los vagabundos, de esta y cualquiera clase que sean, se retiren a los pueblos de los domicilios que eligieren excepto, por ahora, la Corte y Sitios Reales, y abandonando el traje, lengua y modales de los llamados gitanos, se apliquen a oficio, ejercicio u ocupación honesta, sin distinción de la labranza o artes.
  • A los notados anteriormente de este género de vida no ha de bastar emplearse sólo en la ocupación de esquiladores, ni en el tráfico de mercados y ferias ni menos en la de posaderos y venteros en sitios despoblados; aunque dentro de los pueblos podrán ser mesoneros y bastar este destino, siempre que no hubiese indicios fundados de ser delincuentes o receptadores de ellos.
  • Pasados los noventa días procederán las justicias contra los inobedientes en esta forma: A los que, habiendo dejado el traje, nombre, lengua o jerigonza, unión y modales de gitanos, hubiesen además elegido y fijado domicilio, pero dentro de él no se hubiesen aplicado a oficio ni a otra ocupación, aunque no sea más que la de jornaleros o peones de obras, se les considerará como vagos y serán aprehendidos y destinados como tales, según la ordenanza de éstos, sin distinción de los demás vasallos.
  • A los que en lo sucesivo cometieren algunos delitos, habiendo también dejado la lengua, traje y modales, elegido domicilio y aplicándose a oficio, se les perseguirá, procesará y castigará como a los demás reos de iguales crímenes, sin variedad alguna. Pero a los que no hubieren dejado el traje, lengua o modales, y a los que, aparentando vestir y hablar como los demás vasallos, y aun elegir domicilio, continuaren saliendo a vagar por caminos y despoblados, aunque sea con el pretexto de pasar a mercados y ferias, se les perseguirá y prenderá por las justicias, formando proceso y lista de ellos con sus nombres y apellidos, edad,  señor y lugares donde dijeren haber nacido y residido.
  • Exceptúo de la pena a los niños y jóvenes de ambos sexos que no excedieren de dieciséis años. Estos, aun sean hijos de familia, serán apartados de la de sus padres que fueren vagos y sin oficio y se les destinará a aprender alguno o se les colocará en hospicios o casas de enseñanza.
  • Verificado el sello de los llamados gitanos que fueren inobedientes, se les notificará y apercibirá que, en caso de reincidencia, se les impondrá irremisiblemente la pena de muerte; y así se ejecutará sólo con el reconocimiento del sello y la prueba de haber vuelto a su vida anterior.

Legislación histórica española dedicada a los gitanos, de Antonio Gómez Alfaro.

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“Mallos de Riglos”: Luistxo eta Marije


El hombre alza la mirada hacia las rojizas moles pétreas que se yerguen, orgullosas, al otro lado del Gállego  -la vieja Leika sobre el estropeado pretil asomado al torbellino acuoso que, liberado del cercano embalse de la Peña, golpea las desgastadas piedras que se apoyan, con voluntad de icebergs, sobre el invisible lecho del río-.

-Monsieur Lussot, debemos irnos. No puedo dejar el coche en este punto de la carretera…

-Sólo un minuto más. Un minuto…

La veterinaria que se ocupa de la salud de los gatos del Barrio contempla la figura del hombre recortada sobre la vertical del río mientras vigila, por el rabillo del ojo, la cercana curva del tramo carretero.

-Si quiere, regresamos al desvío y nos llegamos al pueblo… Pero aquí no podemos seguir.

El hombre se da la vuelta.

-Didier adoraba el Firé y el Pisón. Conocía el nombre de cada vía abierta en esos mallos. Los amaba. Quería emular a Rabadá y Navarro. No echarse atrás…

-Lo sé. No reblar (=en aragones, ceder, claudicar).

-No reblar, sí.

-¿Quiere que entremos en el pueblo…?

-Oh, no. No. Recordaba a mi hijo. Quizás lo buscaba ahí enfrente, pero… Tienes razón. Será mejor que continuemos el viaje.

El cuerpo de Didier, único hijo de monsieur Lussot, descansa desde hace más de un cuarto de siglo en alguna sima del corredor del Couloir de Gaube, en el Vignemale, montaña que el joven se había propuesto como última prueba antes de iniciar su aventura en el Eiger, donde sus ídolos, los aragoneses Alberto Rabadá y Ernesto Navarro, perecieron de agotamiento y frío en agosto de 1963.

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"Pink Escape": Liz Lopes

“Pink Escape”: Liz Lopes


“Me dejasteis en el campo con una falsa promesa de buena vida. Cuatro años, cuatro, pasé en las dehesas dedicándome a vivir.

Un mal día me sorteáis y me metéis en camiones hacia un incierto destino.

Perdona, maestro, pero ahora debo salir al ruedo para deleite de tus seguidores.

Brindarás mi vida a quien te apetezca, como se brinda por una buena cosecha.

Me indultaréis si soy bravo, para que mis hijos hereden mi bravura y poder ensañaros mejor con ellos. Así presumís de haber creado mi raza como un dios.

Podrías lidiarme sin hacerme sufrir, pero eso no es suficiente para sacar lo mejor de ti. Me pregunto cómo será tu parte más oscura, matador.

Escuchas los vítores mientras siento crepitar los arpones entre mis huesos y mi carne que se desgarra, aunque todavía me queden fuerzas para que crean que no lo siento.

Violas la más honrosa de vuestras normas, la del sentido común. Y me das la espalda cuando sabes que ya no puedo embestir; la experiencia de haber matado a muchos como yo te lo hace saber. Y ellos te creen valiente por eso. Entre los de mi casta la valentía está en el respeto. Eso que tú no conoces.

Desde aquí abajo veo dos clases de taurinos vitoreando en las gradas: los que disfrutan viéndome sufrir para que tú te pavonees ceñido en tu traje de luces, y los ignorantes que van porque sí, porque los demás también acuden a la fiesta. A ésos les pregunto: ¿Es que no veis lo que me están haciendo? No hay que ser muy diestros para ello.

Tú, “maestro”, me mirarás a los ojos y alardearás de tu faena cuando doble mi rodilla y apenas me quede aliento.

Y mientras el estoque me esté atravesando las entrañas, oiré veladamente los aplausos de esos homínidos con pañoleta, pues otra cosa no puedo considerarlos.

Si lo haces bien te darán mis orejas. Por suerte, yo ya no lo veré. Seré arrastrado como un fardo sangrante manchando la arena que ahora todavía piso azorado.

¿Y tú te atreves a decirles a los que te elogian que me amas? El amor es otra cosa, matador. Los humanos son otra cosa. Vosotros, sois simplemente unos malnacidos. Hasta yo, un animal irracional, puede comprenderlo.”.- MI ÚLTIMA TARDEJosé Mª Fuixench Naval.

…y la albahaca, orgullosa reina de la huerta y dama aromosa e imprescindible de laurentinos rincones, se teñirá de trágico bermellón.

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"Conchita Monrás y Ramón Acín": Archivo de la familia

“Concha Monrás y Ramón Acín”: Archivo


Deseo que mis restos sean trasladados un día a tierra española y enterrados en Huesca, al lado de mi maestro, el profesor Ramón Acín, y de mi amigo Evaristo Viñuales(1)”.- Testamento de Francisco Ponzán(2) escrito el 27 de diciembre de 1943 en la prisión militar de Fourgolle (Toulouse).

A Ramón Acín Aquilué, intelectual y anarquista oscense, lo detuvieron y apalearon unos buenos vecinos de Huesca  el 4 de agosto de 1936, para terminar fusilándolo, el día 6, en la tapia del cementerio.

Escondido en su casa desde el golpe de  Estado, el profesor y artista salió de su refugio al escuchar los gritos de su esposa Conchita, que estaba siendo maltratada para que revelara dónde se encontraba su marido. La entrega de Acín a los enfurecidos falangistas y su asesinato poco después, no atajó el ánimo revanchista. Conchita Monrás, esposa, amiga y madre de sus hijas Sol y Katia, sería fusilada diecisiete días después.

No pudimos ver a mi madre en la cárcel en todo este tiempo. Sabemos que estuvo en condiciones penosas y que lo pasó muy mal. Se despidió de nosotras a través de una reclusa que sólo muchos años después nos lo pudo trasmitir. Recuerdo que cuando llevaban a los detenidos camino del cementerio había gente aplaudiendo en los balcones de las casas más importantes del entorno de la cárcel, no se me olvidan sus caras… Era todo tan horroroso que con Sol apenas hablábamos de ello, había una especie de pudor, una necesidad de silencio para no aumentar nuestro dolor. Nos guardábamos la amargura sin decir una palabra“, relataría Katia Acín Monrás cuando los nombres de sus padres y las circunstancias de su detención y muerte dejaron de ser materia reservada en la pequeña ciudad.

«Sólo se aprende de aquel a quien se quiere. Tú supiste hacerte querer por muchos; por eso fuiste todo un pedagogo».- Evaristo Viñuales a su profesor Ramón Acín.


ANEXO

Los buenos vecinos de Huesca, pdf, de Víctor Pardo Lancina.

Paco Ponzán o el beso del olvido, de Víctor M. Juan Borroy.


NOTAS

(1) Evaristo Viñuales, maestro, cenetista integrante del Consejo de Aragón y comisario de la 28 División, se suicidó junto a su amigo Máximo Franco  -comandante de la 17 Brigada Mixta-  en el puerto de Alicante, en abril de 1939, conscientes ambos de que jamás lograrían embarcar en un improbable buque que los alejara de la represion de los vencedores.

(2) El maestro, anarquista y activista principal de la Red de Evasión Pat O’Leary, Francisco Ponzán, fue fusilado y posteriormente incinerado  -aunque alguna fuente asegura que fue quemado vivo-  por la Gestapo en el bosque de  Buzet-sur-Tarn (Francia) el 17 de agosto de 1944. La actividad del grupo resistente, que tantas vidas salvó, fue reconocida por los gobiernos de Francia, Inglaterra y EEUU, que condecoraron a Paco Ponzán a título póstumo.

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