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Archive for 27 marzo 2011

“P51 Mustang”: Jeff Dykes


El periodista Phillip Knightley, estudioso del lenguaje en tiempos de guerra, aseguraba, en una entrevista realizada en el año 2001, que para conjurar la afirmación convertida en adagio de que “la primera víctima de la guerra es la verdad”  -según sentenció el congresista norteamericano Hiram Johnson en 1917-,  es preciso que los receptores de los medios de comunicación se acerquen a las noticias con escepticismo, “preguntándose por qué esa información llegó a los titulares, por qué los gobiernos la hicieron pública, por qué [los medios] les estamos contando estas historias; y después, usando su propio juicio para digerirlas y analizarlas“.


…y bajo ese entramado de manipulaciones universalmente expuestas para consumo del público amansado, yacen, triturados por la conveniencia de cada momento, los minúsculos confetis de la verdad.

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“Piégée”:  Chantal Leymarie


“[…]Pesaba treinta y cinco kilos cuando murió. Sólo era un esqueleto. Su cuerpo se había consumido en una larga batalla contra la injusticia en el mundo. No recibió más recompensa que una vida cada vez más solitaria y una muerte desamparada.”.- Pablo Neruda, sobre el final de su amiga y colaboradora Nancy Cunard, en su libro de memorias CONFIESO QUE HE VIVIDO.

En la urna 9016 del Columbario del cementerio parisino de Père Lachaise reposan las cenizas de Nancy Cunard (1896-1965), poetisa, escritora, editora y periodista, que combinó una vida personal tormentosa   -aliñada con alcohol, drogas y desvaríos mentales-  con la firme y lúcida defensa de la libertad y la igualdad de los seres humanos.

Nacida en el seno de una noble y acaudalada familia inglesa bien relacionada con la Casa Windsor, fue educada en selectos pensionados del Reino Unido y Europa, desarrollando desde muy joven inquietudes intelectuales que la llevaron a frecuentar lo más granado de la sociedad literaria londinense, colaborando como escritora y editora.

Divorciada de un oficial del Ejército británico con el que estuvo casada apenas dos años, se instaló en la Francia de los felices años veinte, donde se relacionó con la pléyade de artistas del vanguardismo y del surrealismo, creando la editorial Three Mountains Press para promocionar las obras de artistas noveles y editar producciones traducidas al francés de escritores consagrados de Estados Unidos e Inglaterra.

Su agitada experiencia sentimental  –Tristan Tzara, Ezra Pound, Ernest Hemingway y Louis Aragon fueron algunos de los hombres que formaron parte de su vida íntima- derivaría en escándalo de insospechadas proporciones al enamorarse de un hombre de raza negra, el músico de jazz Henry Crowder, a quien conoció en Venecia y con el que viajó a Estados Unidos, de donde sería expulsada por su acendrada defensa de las tesis antirracistas. Crowder sería tambien el detonante del enfrentamiento con su madre, Lady Cunard, que la desheredó  -con los parabienes de la aristocracia inglesa, que propuso la expulsión de Inglaterra de la transgresora-   por considerar obscenas las relaciones interraciales.

La respuesta de Nancy Cunard llegó en forma de folleto de treinta páginas  intitulado Black man and whithe ladyship que, según relata  Neruda en sus memorias, podría resumirse así:  “Si usted, blanca Señora, o más bien los suyos, hubieran sido secuestrados, golpeados y encadenados por una tribu más poderosa y luego transportados lejos de Inglaterra para ser vendidos como esclavos, mostrados como ejemplos irrisorios de la fealdad humana, obligados a trabajar a latigazos y mal alimentados… ¿Qué habría subsistido de su raza? Los negros sufrieron éstas y muchas más violencias y crueldades. Después de siglos de sufrimiento, ellos, sin embargo, son los mejores y más elegantes atletas, y han creado una nueva música más universal que ninguna. ¿Podrían ustedes, blancos como lo es usted, haber salido victoriosos de tanta iniquidad? Entonces, ¿quiénes valen más?”.

A la defensa de la negritud se unió su firme rechazo del fascismo y su simpatía por el republicanismo español, causa en la que se implicó promoviendo colectas y adhesiones favorables de los intelectuales europeos y americanos, ademas de denunciar, en multitud de artículos periodísticos, las condiciones miserables en las que vivían los refugiados españoles hacinados en los campos de internamiento franceses.

Durante la II Guerra Mundial trabajó en Londres como traductora para la Resistencia Francesa, regresando a Francia una vez finalizada la contienda para continuar ayudando a los exiliados españoles.

Los últimos años de su vida su estado físico y mental sufrió serios quebrantos en un camino hacia la autodestrucción que ninguno de sus fieles amigos pudo evitar.


El 15 de marzo de 1965 Nancy Cunard fue encontrada por la policía semiinconsciente y vestida como una mendiga en una calle parisina.  La mujer que había fascinado a Picasso, Huxley, Joyce y Sender, la militante solidaria que fundó y editó  junto a Neruda la revista Los poetas del mundo defienden al pueblo español, falleció en el hospital para indigentes de Cochin el 17 de marzo de 1965.

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“Oxigeno”: Ruben Lamagni


Si nos atenemos a las opiniones de quienes defienden y avalan la existencia de las Centrales Nucleares, lo ocurrido en Fukushima debería tener idéntico impacto en la ciudadanía que un accidente automovilístico o de aviación; nadie  –dicen–  deja de conducir por muchos percances que se produzcan en las carreteras, como tampoco se renuncia a un viaje entre las nubes a cuenta de la posibilidad de un brusco descenso sin probabilidad de retorno.

Las Centrales Nucleares  –insisten– son seguras y respetuosas con el Protocolo de Kyoto. Además de ser económicamente competitivas, garantizan el suministro eléctrico, generan empleo y  –subrayan–  son ABSOLUTAMENTE necesarias para el desarrollo de un  país.

Unos filones irrenunciables.

¿…y Chernóbil?

Unos Eldorados de radiactivos isótopos a quienes únicamente un terremoto seguido de un tsunami pueden arañar levemente  en sus poderosas estructuras para que la propaganda antinuclear mantenga su anticuado mensaje alarmista.

Pero… ¿ y Chernóbil?


Allá por los años setenta del pasado siglo se tuvo conocimiento del proyecto de construcción de una Central Nuclear a orillas del río Cinca, en la localidad oscense de Chalamera, cuna de Ramón J. Sender. No parece que la población bajocinquesa reconociera y valorara los beneficios (¿?)  de la edificación, contra la que se rebelaron en aunada protesta de la que se hizo eco el cantautor Joaquín Carbonell en una composición cuyo estribillo fue coreado por cientos de gargantas: “En Chalamera, con Chalamera/ ya es hora de gritar./ En Chalamera, con Chalamera/ no queremos Central.

Nunca se sabrá si el eco de las voces opositoras fue la clave para desestimar el proyecto. Pero la Central no se construyó.

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“Winter Queen”:  Tatyana Kuznetsova


Se envalentona el invierno aun sobre las brasas guarecidas tras el majano artesanalmente convertido en murete burlador del cierzo. Chisporrotean los muñones de leña achicharrados en la noche lardera y lanzan ayes de humo que el viento embiste y acorrala contra las piedras pulidas de la Abadía, donde se parapetan los devoradores de longaniza que preludian el tiempo de Cuaresma.

Las manos desnudas del villanaje jaranero aprisionan las humildes tajadas del pan de moños donde reposan, resignados, los sabrosos palmos de longaniza y chorizo lacerados por las ascuas.

Gélido y ventoso día lardero.

Asomóse la Luna al vaivén continuo del río, acechada, desde la mágica masa boscosa que se yergue sobre la corriente, por las pupilas trasnochadoras de mochuelos, lechuzas, autillos y bobones.

 

¡Fuera, invierno, fuera!,
¡borina y fartera!

Carnaval trae cartas

de la Primavera.

Pasacarreras de Carnaval

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