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Archive for 11 febrero 2012

Cierzo

“Vuelo en azul”: Marta Yglesias


Se amansa el cierzo y tantea, avergonzado,  las zarandeadas ramas en cuyas laceraciones se asienta, a modo de apósito, el Sol mañanero, apenas tibio.

Leve vaivén de arbustos exhaustos con tatuajes de rosada que se deshacen en desiguales senderillos lacrimosos.

Asoma el humo sus insolentes grises por entre los sombreretes argamasados de las chimeneas y trota el cierzo por los bucles de leña incinerada componiendo breves estampaciones que se deshacen en rizos imposibles para desaparecer y recomponerse de nuevo entre bocanadas incansables.

Se amansa el cierzo y abraza, revoltoso,  las figuras abrigadas que, a orillas del azud, lanzan guijarros escarchados, en sinfonía de chasquidos, contra la resquebrajada  lámina de hielo.

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“You always make me cry”: Marko Beslac


A las diez menos cuarto de la noche del 5 de febrero de 1977 fallecía en la clínica San Juan de Dios de Zaragoza, donde había sido ingresado apenas quince minutos antes del deceso, Miguel Vicente Basanta López. Tres disparos, dos de ellos impactados en su cabeza, habían truncado las ilusiones de aquel hombre de treinta y dos años, albañil en paro, a quien la policía y la prensa convertirían, posteriormente, en “delincuente habitual”.

El último día de su vida, Vicente Basanta, “peligrosamente armado” con un bote de pintura roja y una brocha, se encontraba realizando una pintada en la tapia de una antigua fábrica cuando Francisco Tovar, policía fuera de servicio que paseaba con su familia, le dio el alto, sacó su arma reglamentaria y, al tratar Vicente de escabullirse, le descerrajó tres tiros por la espalda.

A los hechos acaecidos y ratificados, tiempo después, por testigos presenciales, se contraponía la versión policial, que relataba la agresión sufrida por Francisco Tovar, a quien el fallecido tiró al suelo atacándole con una barra de hierro, viéndose obligado el agente del orden a defenderse haciendo uso de su arma, que disparó contra el delincuente desde el suelo.

De nada sirvieron las declaraciones de los testigos ni la inexistencia de la barra de hierro con la que supuestamente fue atacado Tovar; tampoco que la autopsia confirmara que los disparos se habían hecho desde una posición contraria a la declarada por el policía. Francisco Tovar fue exonerado por considerarse que había actuado en legítima defensa y la causa fue sobreseída el 24 de marzo de 1977.

Los esfuerzos de la familia Basanta para reabrir el caso fueron inútiles. El 20 de junio de 1990 el Juzgado número 2 de Zaragoza ordenó el archivo de todas las actuaciones por tratarse de “causa ya  juzgada por la jurisdicción militar”.


El 4 de febrero de 1996 Miguel Vicente Basanta López fue homenajeado frente a la tapia donde le arrancaron la vida. Una calle zaragozana lleva, actualmente, su nombre.


Seis meses antes de la muerte de Vicente Basanta, y en parecidas circunstancias, fue abatido por las balas de la Guardia Civil, en Almería, Francisco Javier Verdejo.

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Arpeggio

“Lifeline”: Carolyn Shiffhouer


Isabel.

…y en el instante mismo de la intersección entre su perpetuo sosiego y nuestra permanente desdicha, engalanóse el Palacio del Tiempo Suspendido para eternizar el sonoro vaivén de las palabras prendidas en la orfandad de nuestros tímpanos.


(…)
A mía boz
tremola con os aires,
brilla con o sol,
se chela con os zierzos,
se aflama con as calors…
(…)
A mía boz
-en tiengo encara de boz?-
ye de tú, amigo,
no a deixes morir en yo.” [1]
Ánchel Conte



A veces -tantas veces, todas las veces…- se encarama el dolor en el pretérito para anegar la ausencia con los inveterados sonidos cotidianos.


[1] “Mi voz / tiembla con el aire, /  brilla con el sol, / se hiela con el cierzo, / se seca con el calor…  (…) / Mi voz / -¿todavía tengo voz?- / es tuya, amigo, / no la dejes morir en mí.”

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