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Archive for 23 junio 2013

“The less deceived”: Dominic Rouse


En 1992 se estrenó, en la Filmoteca de Zaragoza, la película Carne de fieras, un ingenuo folletín cuyo metraje fue reconstruido y montado cincuenta y seis años después de su filmación, tras haber sido comprados los cuarenta y dos rollos originales en el Rastro madrileño por el coleccionista zaragozano Raúl Tartaj[*]. La película, filmada en Madrid entre el 16 de julio y el 26 de septiembre de 1936, estaba firmada por Armand Guerra, un cineasta anarquista de nombre real José Estivalis Calvo, cuya obra y trayectoria vital fueron descubriéndose conforme los esforzados montadores, Ferrán Alberich y Ana Marquesán, avanzaban en la tarea.


José Estivalis falleció en una calle de París, el 10 de marzo de 1939, cuando, al parecer, se dirigía a una embajada a solicitar nuevos documentos de identidad  los suyos habían quedado atrás, entre España y los sucesivos campos de concentración franceses de los que escapó. La obra de este tipógrafo, traductor, escritor, conferenciante y cineasta que, por diversas fuentes, se cree fue prolífica, se perdió entre bombardeos, intolerancia, oscurantismo y miedo —su compañera, Isabel Anglada Sovelino, hizo desaparecer los escritos de Estivalis cuando los nazis ocuparon Francia—, quedando como única muestra de su quehacer cinematográfico la celulosa salvada de entre los estrambóticos objetos de un mercadillo.


Pero si la historia del rodaje  con la sublevación del 18 de julio de por medio—  y la aparición, tantos años después, de la película conforman una sucesión de situaciones rocambolescas  Armand continuó, pese a la guerra, con la película porque de ella dependía el sustento de varias personas—  no lo son menos las vicisitudes posteriores de las dos protagonistas femeninas del film que algunos tildan de maldito.

Tina de Jarque, bellezón moreno de la época y una de las vedettes más internacionales de la década de los años veinte, políglota, cantatriz, musa erótica y con distinguidas relaciones vía tálamo, desapareció misteriosamente en 1937. Cuéntase que, detenida por un grupo de anarquistas, convenció a uno de sus guardianes para huir juntos  y con un respetabilísimo botín en dinero y joyas—  siendo interceptados en Alicante, donde se les pierde la pista. Parece ser que, terminada la contienda, algún familiar presentó denuncia por su desaparición y posible asesinato a manos de milicianos anarquistas, pero, dada la personalidad poco convencional de la actriz para la instaurada moralidad posbélica, la Causa General archivó el caso y Tina de Jarque quedó en el olvido. Se cree que, acusada de robo y espionaje, fue fusilada junto a las personas que la acompañaban y enterrada anónimamente en el camposanto valenciano.

De otra de las protagonistas, la artista circense y actriz de varietés Marlène Grey, que encandiló y escandalizó al Madrid de preguerra con sus actuaciones desnuda, entre leones, en el Teatro Maravillas, se dice que murió en 1939 en Marsella a causa de las heridas que le produjo uno de los leones del show, circunstancia que contradice otra versión que la sitúa, con su espectáculo, en el Magreb, en las postrimerías de los años cuarenta.

Del resto del reparto y el equipo técnico se sabe que algunos, como Alfredo Corcuera, se exiliaron y otros tuvieron que rendir cuentas de su ideología al terminar la guerra, como el actor y cantante zaragozano Antonio Galán, el albaceteño Tomás Duch  director de fotografía que se vio obligado a trabajar en la década de los cuarenta, por caridad,  sin figurar en los títulos de crédito—  y el compositor Andrés Rojas, autor de la música original que, pese a no ser nunca grabada, fue reconstruida por el músico Pedro Navarrete a partir de las anotaciones y partituras del propio Rojas cedidas por sus herederos a la Filmoteca de Zaragoza. Pablo Álvarez Rubio, protagonista masculino de Carne de fieras e indiscutible galán en las proyecciones cinematográficas de la República, continuó trabajando tras la guerra, aunque en papeles muy reducidos. Falleció en 1983.

Del pequeño actor que interpretaba a Perragorda, el niño colillero de la película, jamás se supo.



ANEXO



BIBLIOGRAFÍA


[*] Raúl Tartaj, que fue representante del cantante argentino Carlos Acuña y actor ocasional, llegó a atesorar 1.950 películas en su colección.

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“New Forms.- Le Cri”: Philippe Abril


«Caminaba yo con dos amigos por la carretera, entonces se puso el sol; de repente, el cielo se volvió rojo como la sangre. Me detuve, me apoyé en la valla, indeciblemente cansado; lenguas de fuego y sangre se extendían sobre el fiordo negro azulado. Mis amigos siguieron caminando mientras yo me quedaba atrás temblando de miedo, y sentí el grito enorme, infinito, de la naturaleza.»Edvard Munch.


…y aúlla…


Cuando la longitud de las modernas grúas compite con la majestuosa alzada de las cumbres. Cuando la hondonada que oficiaba de cabañera se transforma en vertedero incontrolado. Cuando la fauna silvestre yace, cual fúnebres mojones inanimados, a lo largo de la carretera. Cuando una aberrante alfombra renegrida sustituye los bosques de coníferas. Cuando se le conquista orilla al anciano cauce de aguas apacibles. Cuando entre la especulación y el sentimiento bucólico no hay un equilibrio razonable.


…y se defiende.


Rugió el cierzo y lanzaron los cirros hirientes navajas acuosas. Tronaron los promontorios pétreos y rasgáronse sus costurones de hielo.

…y resiguió el líquido brutal las ancestrales huellas invadidas por el factor humano.

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“Rusty latch”: Tony Scheuhammer


Aquel verano de 2010 viajaron, juntas, hasta Bielsa, Aurora  —sobrina bisnieta de Victorián Lanau, soldado de la División 43ª del Ejército Republicano—, Iliane  —nieta de Silvestre, niño de la guerra—  y la veterinaria que se ocupa de la salud de los gatos del Barrio, nieta de Nené y Lájos, a quienes Victorián ayudó a cruzar a Francia cuando, junto con otros refugiados, emprendieron una penosa caminata alejándose del horror de lo que más tarde se llamaría la Bolsa de Bielsa.


Antonio Beltrán Casaña, llamado L’Esquinazau, jefe y resistente de la infatigable División 43 —”Resistir es vencer“— sitiada en Bielsa por los futuros vencedores de la guerra, escribiría en abril de 1938 una carta al prefecto del departamento de Hautes-Pyrenées para agradecer «la actitud tan llena de humanidad […] para nuestros compatriotas que abandonan sus hogares por millares para buscar refugio y tranquilidad en la República Francesa […] tras vivir días de horror».

Un tipo singular, L’Esquinazau[*]. Trotamundos, guerrillero con Pancho Villa, voluntario en la I Guerra Mundial, amigo y compañero de Fermín Galán en la preparación y desarrollo de la Sublevación de Jaca  —que le valió una condena a muerte conmutada por otra de cárcel que se saldó al proclamarse la II República—  y comunista convencido hasta descubrir, en 1947, la firme mano del estalinismo en la eliminación de los camaradas mal vistos por Moscú. Convertido él mismo en individuo a eliminar, hubo de huir perseguido por la falsa acusación de ser un infiltrado al servicio de los mismos que pretendían su muerte, siendo finalmente detenido por las autoridades francesas  —que dieron crédito al bulo de que se trataba de un peligroso agente comunista—  y deportado a Córcega en 1950.

Tras obtener la libertad, los siguientes diez años viajó a Bélgica, Brasil, Bolivia, Argentina, Inglaterra, Perú  —donde afirmó haberse convertido al catolicismo, impresionado por la licuación milagrosa de la sangre de una santa—  y México, instalándose, con un familiar, en San Luis de Potosí, en un rancho al que llamó Canfranc, en recuerdo de su lugar de nacimiento. Falleció el 6 de agosto de 1960 en el Hospital Español de México, a consecuencia de un cáncer de estómago.


Aquel verano de 2010, Aurora, Iliane y la veterinaria que se ocupa de la salud de los gatos del Barrio, recorrieron la historia de la arrasada y reconstruida villa de Bielsa y ascendieron, en paseo aguijoneado por el Sol, un tramo del Puerto Viejo, donde una losa recuerda a los hombres, mujeres y criaturas que emprendieron el mismo camino entre la primera semana de abril y mediados de junio de 1938, con la mirada al frente y un pedazo de corazón acurrucado entre los recuerdos dejados atrás.


En vez de una flor  —clavel rojo en tu honor—
subiré al Puerto Viejo a dejar mi canción.

BAJO DOS TRICOLORES.- La Ronda de Boltaña




ANEXOS

  • Página web de la Asociación Sobrarbense “La Bolsa” donde se recogen los actos llevados a cabo en los aniversarios de la Bolsa de Bielsa.
  • La Bolsa de Bielsa. El puerto de hielo, documental (en seis vídeos) de Mirella R. Abrisqueta y José Ángel Delgado.

[*] Al parecer L’Esquinazau era un apodo de familia; según el propio Antonio Beltrán la gente del pueblo empezó a llamar así a un tío suyo que aseguraba estar “esquinazau” (destrozado, baldado) de tanto trabajar.

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“La niña de la cancela”: Archivo personal


La casa de Marís y Emil se llama, como indica una losa de arcilla incrustada en el muro exterior, O Cado[1]. Antes fue O Guariche[2] y, aun antes, el pajar del viejo Nicomedes, el abuelo de Casa Berches, aunque ninguno de los sucesivos usuarios conoció al tal Nicomedes salvo de oídas y cuando el pajar no era sino una escombrera con una pared y media techumbre en permanente amenaza de derrumbamiento.

Del abandonado pajar tomaron posesión, sin encomendarse a nadie, las estudiantas, el grupo de adolescentes de edades similares que cursaba estudios de bachillerato en Huesca. Así el pajar, limpio de porquería, peligros y cachivaches y con varias uralitas oficiando de tejado y paredes ensambladas al muro original, se convirtió en O Guariche, fortín vedado a la curiosidad del vecindario donde las malas lenguas aseguraban que se bebía, se fumaba y “a saber qué marranadas más hacen esas crías allí, tan a su aire”. Pero no fue lo que supuestamente se hacía sino el contenido del cubículo lo que obligó a cancelar, por orden de la autoridad, el rudimentario local donde se juntaban las chicas. Porque el tal guariche estaba provisto de nevera, equipo de música y dos o tres focos de estridentes colores gracias al enganche de luz que las propias muchachas habían realizado en la toma de la casa vecina, que sólo era ocupada en el periodo estival.

Tras los chismorreos, la denuncia, las reprimendas y el pago  repartido equitativamente entre las integrantes de la peña—  del consumo eléctrico que excedió del mínimo calculado de la casa vecina durante los diez meses que duró la aventura, O Guariche quedó abandonado hasta que, cinco años atrás, Marís  una de aquellas adolescentes, devenida en cuarentona—  y su marido compraron el solar y edificaron, con material rescatado de otras casas antiguas reducidas a escombros, una vivienda de dos plantas donde las amigas de siempre de Marís  compañeras de los meses inolvidables del guariche—  se reúnen para charlar y, sobre todo, escuchar heavy metal, mientras la pequeña Astarté, nieta de los acogedores Marís y Emil y diminuta diosa reverenciada en cada velada, evoluciona al compás de la música.


[1] En arag., “La Madriguera”.
[2] Id, “El Cuchitril”.

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“Bruna”: Archivo personal


Resbala la tarde por la artesanal barbacana que bordea los huertos encarados al azud, al otro lado de donde el majestuoso y solitario cedro del Himalaya inclina levemente su grueso tronco hacia la torrontera. Erguida —cual elegante esfinge— presidiendo el paisaje de cebollas y verduras en la parte más elevada del rústico adarve, hállase la gata. Inmóvil. Hierática. Centrada su ambarina mirada en el majuelo del saso[*], donde una pareja de perdices rojas alea y apeona entre los cepellones.


[*] En Aragón, elevación con paredes verticales y cumbre llana.

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“Within Dying Range – Global Fever 1”: Jan Kolling


Guénolé, el primer sobrino nieto de la Hermana Marilís, descansa en su cunita de metacrilato del Hospital Joseph Ducuing, en la calle Varsovie del barrio de Saint-Cyprien de Toulouse, en el renovado edificio donde una sencilla placa recuerda a los utópicos guerrilleros españoles que fundaron el centro hospitalario  llamado entonces Hospital Varsovie—  bajo los auspicios del Partido Comunista y en cuyo dispensario trabajó solícitamente la extraordinaria y libertaria Amparo Poch Gascón, feminista, maestra, dibujante, escritora y brillante médica zaragozana fallecida en el exilio el 15 de abril de 1968 y rescatada de entre los escombros de la memoria por Antonina Rodrigo, autora de una fascinante biografía de la cofundadora de Mujeres libres.


El Hospital Varsovie se fundó en octubre de 1944 para atender a los guerrilleros españoles heridos a raíz de la fracasada Operación Reconquista, cuando más de setecientos maquis entraron en España por las fronteras de Huesca, Lérida, Valle de Arán y Navarra enfrentándose, durante once días, a las fuerzas franquistas, en una guerra de guerrillas que, indudablemente, estaba perdida antes de planearse. Posteriormente, en mayo de 1945, el hospital, ubicado en una antigua y señorial mansión abandonada por los alemanes, se constituyó legalmente como centro sanitario civil de asistencia gratuita a todos los refugiados españoles y que se subvencionaba con las aportaciones de organizaciones internacionales de apoyo al antifascismo español, del gobierno francés y del Partido Comunista.

«Ningún enfermo tiene la impresión de estar en un hospital donde todo lo que le rodea sea extraño; al contrario, tiene la sensación de estar cuidado en su casa y en familia; médicos, enfermeras y personal administrativo, todos españoles, con la única preocupación del paciente que es al mismo tiempo su amigo en el exilio y su compañero de lucha por la reconquista de la patria perdida.», puede leerse en una Memoria editada por el propio hospital en 1950. Pero la situación cambiará cuando EEUU comience sus purgas contra el comunismo  real o no—  dentro de sus fronteras y se inicie la Guerra Fría con la URSS. El cineasta Howard Fast, que ayudaba económicamente al Varsovie, comunicará al hospital: «El Comité de Actividades Antiamericanas nos ha exigido darles los nombres de los republicanos españoles que hemos ayudado, de suerte que, de hacerlo, nos hubiésemos convertido en criminales asociados al abominable Franco. Y porque nos hemos negado a ello vamos a la cárcel.»

Las presiones estadounidenses  a las que lógicamente y con tesón, se une la dictadura franquista—  terminan desbaratando el pequeño enclave sanitario español en Toulouse. El 7 de septiembre de 1950 es encarcelado el equipo médico del Hospital Varsovie y, un mes después, el gobierno francés ordena la liquidación de todos los bienes de la sociedad que administraba los donativos que se recibían para mantener el centro.

En noviembre de 1950, el doctor Joseph Ducuing se hace cargo de los pacientes ingresados y, junto con otros médicos franceses y la ayuda económica del Partido Comunista Francés, adquiere el inmueble y se constituye la Asociación de Amigos de la Medicina Social, gestora del hospital hasta 1982.


…y casi setenta años después, arropado por retazos de historia, duerme Guénolé su primer día de vida en el Hospital Ducuing-Varsovie, con el aire de Saint-Cyprien trayendo vaivenes de voces españolas.

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