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Archive for 27 febrero 2014

“Plenilunio”: José María Pérez Núñez


El sol, los árboles, la sed;
al norte, Argel. – MAX AUB


La enfermera regresa sonriente. “Te ha bajado el azúcar a ciento veintidós. Hoy no te pondremos la insulina”, comunica.
Sobre la mesita rodante, la bandeja con la cena. A la derecha, en un bol con tapa gris, el puré de verduras; a la izquierda, un plato con pescado al vapor; en la parte delantera, un yogur natural.
Al otro lado de los ventanales herméticos, la luna rutilante y tan baja que se perfila un mágico relieve de cordilleras agrisadas.
En la mesilla, dos botellas grandes de agua Vittel montan guardia ante tres o cuatro periódicos cuidadosamente apilados. Sobre ellos, un libro forrado en blanco manoseado, con los bordes de las hojas amarillentos y el nombre Max Aub escrito cuidadosamente a mano, con rotulador grueso y verde, en la parte inferior de la cubierta.
Toses, carraspeos, frufrú de ropa de cama, crujidos, susurros, pasos sigilosos y semioscuridad vigilada por las mortecinas luces de emergencia.
Dos puertas más allá de la habitación donde sisea el oxígeno recorriendo la cánula que une la pared con las fosas nasales del paciente, parpadean los fluorescentes recién encendidos y renacen, setenta y dos años después, los poemas de  Max Aub de entre las ajadas hojas de esquinas combadas.


La luna  llena luna, luna llena—  se contonea en el cielo de Djelfa proyectando su silueta sobre el basto tejido de la tienda marabout que oficia de celda en la Nada del escritor perseguido. Entre sudores y escalofríos, ladeado en la esterilla que moldea el pedregoso relieve del suelo, se le agrupan a Max Aub, en aquel tenebroso comienzo de 1942, las palabras en renglones, dibujando poemas que sobrevuelan la cárcel colonial francesa y se posan, de nuevo, en el hombre apresado.


El hombre es como la tierra:
sementera,
cementerio,
sin frontera.- MAX AUB


Max Aub estuvo recluido en el campo de concentración francés de Djelfa (Argelia) desde el 28 de noviembre de 1941 al 18 de mayo de 1942, hasta que su buen amigo y ángel tutelar de los expatriados españoles, el Cónsul General de México en Marsella, Gilberto Bosques, consiguió, mediante subterfugios, su liberación. El cónsul Bosques, hombre de izquierdas cuyo altruismo le costó, a él mismo y su familia, la libertad, creó una red de ayuda a los perseguidos por los nazis que estuvo activa desde 1939 a 1943 en Marsella, con dos centros de acogida en los castillos de La Reynarde y Montgrand que Bosques convirtió en territorio mexicano y donde cientos de personas de distintas nacionalidades y creencias consiguieron eludir los campos de concentración y obtener documentación y pasajes para cruzar el océano hacia México y otros países de acogida.

«Las razzias casi cotidianas, recordaría Gilberto Bosques muchos años después, eran comunes y corrientes en la Francia de Pétain, y ya no se diga en la Alemania de Hitler. Les tenían echado el ojo a determinados intelectuales a los que la Gestapo no dejaba tranquilos. Aprehenderlos, deportarlos y exterminarlos en los campos de concentración en Alemania era una sola acción. […] A otro que saqué varias veces de un campo de concentración, primero en Vernet, luego en otro cuyo nombre se me escapa, fue Max Aub. Yo lo sacaba y lo volvían a meter a otro, hasta que lo enviaron a un campo de concentración en África, Djelfa. Max Aub jamás se quejaba, todo lo tomaba con filosofía. Hasta fui a África y volví a sacarlo. Escribió un libro, me lo dedicó y me dio el manuscrito: Diario de Djelfa.»


La luna  llena luna, luna llena—  va difuminándose, en ese martes de febrero de 2014, entre los destellos anaranjados de la aurora. Toses, carraspeos, voces, pasos, timbres. El hospital se despereza y en la salita  —dos puertas más allá de la habitación donde sisea el oxígeno—  alguien recoge el libro manoseado de bordes amarillentos y, con él bajo el brazo, accede al activo pasillo donde las auxiliares comienzan a repartir las bandejas del desayuno.




ANEXO

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“Izas Olivar Sarasa, la princesa guisante


«Hay un columpio en la luna; un tobogán irisado y, en un banco de polvo cósmico colorado, la mochila descosida de Dora la exploradora. A la izquierda, junto a un cráter, un telescopio chiquito con aromas a canela y una princesa durmiente con la gorra ladeada y las manos, pequeñajas, en pintura de catorce colorines  embadurnadas…»


Los primeros síntomas de la repentina y extraña enfermedad de Izas  —hasta ese momento, una niña sanísima—  se manifestaron en octubre de 2011. Ya no hubo tregua. Médicos, peregrinaciones hospitalarias, diagnósticos variados y erróneos. Dolor, esperanza, angustia, desesperación, rabia. A finales de diciembre se le pone, por fin, nombre a la sintomatología: Izas padece Gliomatosis Cerebri Infantil, un cáncer cerebral muy agresivo, una enfermedad rara, de baja prevalencia  y, como consecuencia, apenas investigada—  y para la que no existe ningún tratamiento curativo. Izas, la pequeña princesa guisante, fallece el 1 de febrero de 2012, a la edad de tres años. Año y medio después, Mónica y Jorge, abatidos madre y padre, crean en Huesca la Asociación Izas, la princesa guisante para el fomento de la investigación de la Gliomatosis Cerebri Infantil. «Esta es nuestra manera de seguir abrazando a Izas, de seguir dándole la mano, de luchar desde ella, con ella, para el resto».

A finales de enero de 2014, la asociación oscense firmó un convenio con la asociación francesa Franck, un rayon de soleil y el hospital Sant Joan de Déu de Barcelona para llevar a cabo un proyecto de investigación  —con un presupuesto inicial, cofinanciado por ambas asociaciones,  de 23000 euros ampliables—  que posibilite el estudio epidemiológico, la obtención de muestras de tejidos de pacientes infectados, la secuenciación genómica y la publicación de una guía médica pàra su correcto diagnóstico. Las primeras conclusiones se expondrán en el I Congreso Internacional sobre Gliomatosis Cerebri Infantil que las dos asociaciones tienen previsto financiar y celebrar en París en diciembre de este año.


Jorge y Mónica, imparables en su lucha para hacer visible la enfermedad y abrir una puerta a la esperanza, organizaron el pasado viernes en la plaza de Navarra de Huesca un flashmob bajo el lema “Todos somos raros, todos somos únicos“, con la intervención de más de dos mil seiscientos niños y niñas de los centros educativos de la ciudad que bailaron, al unísono, una coreografía previamente ensayada en cada colegio con la música de la canción de Marisol  “Tengo el corazón contento”.

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