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Archive for 25 junio 2014

“No way out 3”: Marko Beslac

 

El día que enterraron a Valentín cerca de trescientas mil personas formaron el cortejo fúnebre. Recorrieron, andando, los diez kilómetros que separaban el Hospital Clínico del cementerio, en procesión doliente y enrabietada, detrás de Paqui, la hermana de dieciocho años, y del padre, aún con las huellas de los golpes policiales en un cuerpo que la entereza sobrevenida mantenía erguido en pos del féretro del hijo veinteañero asesinado por un policía nacional.

Y sobre el ataúd, la rojinegra.

Una pacífica y legal huelga de los trabajadores del Mercado de Abastos de Valencia. Una orden directa y, aun hoy, difícil de entender, a los policías que vigilaban a los huelguistas: “¡A cargar! […] ¿Es que no tenéis cojones…? ¡He dicho que carguéis!”. Y Valentín González Ramírez, el buen hijo, que acude a proteger al padre indefenso y apaleado en el suelo, al grito de “¡Ya está bien de pegarle!”, segundos antes de que una pelota de goma, disparada a bocajarro, impactara en su pecho, a la altura del corazón, y suspendiera abruptamente, el 25 de junio de 1979, sus proyectos de futuro.



ANEXO



Dicebamus hesterna die…

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Receso

“Mannequin”: Archivo personal


Cuatro gorriones pedigüeños se acercan, envalentonados, a las mesas de la terraza del bar que hace esquina en la plaza, donde antaño se elevó la torre albarrana de la ciudad. Suena la media en el reloj de la iglesia de Santo Domingo y San Martín. Las siete y media de la mañana y ya el sol se cierne sobre las parasoles que sombrean parcialmente a las cuatro o cinco personas que desayunan frente al sobrio templo de ladrillo ornamentado con pilastras laterales. Humean cafés, cortados y cigarrillos. Los gorriones familiares recogen los pedacitos de cruasán depositados en el suelo y revolotean hasta los árboles para regresar inmediatamente junto a los pies de sus benefactores en busca del siguiente bocado. Un acéfalo maniquí se yergue en la calzada donde apenas circulan cuatro o cinco ciclistas. En la mesa más alejada, un hombre vestido con una camiseta con los colores de la III República lee el periódico mientras un gorrioncillo ventrudo picotea con fruición un trozo de churro a pocos centímetros de su mano.

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“Different Similarities”: Shad Barney


La garlopa recorre la madera en pasadas cortas y ruidosas que dejan al aire las vetas enrojecidas. “Entonces, ¿lo harás?”, vuelve a preguntar la veterinaria que se ocupa de la salud de los gatos del Barrio al hombre que trabaja, a horcajadas, sobre la tabla que va perdiendo, entre firmes raspados, los últimos vestigios de rugosidad.

Todo el calor vespertino parece acumularse en el pequeño taller en semipenumbra, entre gubias, escofinas y formones. Emil de O Cado, con las manos desnudas cubiertas de polvo, coge la cartulina que la veterinaria ha dejado sobre el borriquete y contempla, de nuevo, el dibujo. “Puedo trabajarlo en fresno y avejentarlo, si quieres. O darle sólo un par de capas de nogalina”. “No, no. No queremos que quede como un escudo antiguo… Yo te puedo ayudar con los realces. Lo que tú quieras… Serrar, barnizar… Y preparar los tintes vegetales si me explicas cómo…

Emil sujeta la cartulina con el escudo del efímero Consejo de Aragón en el tablero de corcho que hay colgado sobre la mesa de herramientas que preside la fresadora. “Cuántos sueños aserrados”, dice.


El 19 de noviembre de 2011, se presentó en Caspe, sede del antiguo Consejo Regional de Aragón durante la Guerra (In)civil, el único vestigio de la enseña que simbolizó la lucha por la libertad en el Aragón republicano: Un banderín, de unos 50×30 centímetros, supuestamente del automóvil utilizado por Joaquín Ascaso Budría, con los colores del Consejo —negro por la CNT, rojo por la UGT y el PCE y morado por la República— y un triángulo lateral con las barras aragonesas. En el centro, el escudo, con sus representativos cuatro cuarteles separados por la A de Aragón: Los Pirineos altoaragoneses, el olivo del Bajo Aragón y el Ebro de la provincia de Zaragoza.
«La cadena rota del cuarto cuartel, simboliza al nuevo y libre Aragón. Y coronando el escudo, un sol naciente, emblema del Aragón que brota sobre lo derruido por los enemigos de la libertad».[*]


[*] Del periódico «Nuevo Aragón», en su edición del 22 de enero de 1937.

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