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Archive for 28 abril 2015

“Cae la noche”: Archivo personal

 

Desde Gramapán aun con el inmisericorde cierzo arañando la silueta humana que pugna por mantenerse erguida, entre tembladeras y riesgo de descalabrarse rota el universo conocido alrededor de los sueños, cárcavas por donde reptan, traviesas, las ideas y se detiene, entre éxtasis voluntarios, el tiempo.

Vuelve la consciencia al cuerpo, frágil carcasa que el viento belígero embiste y zarandea mientras los pies impulsan pedaladas por la pendiente abrupta y se tinta el cielo de gris antes de arribar a la última curva donde se agrupan los escambrones.

Doce kilómetros más. Sólo doce kilómetros.

Detrás quedan los viñedos y la vieja pardina de Odina donde recreara Sender, reo del exilio, sus apócrifos sueños sin retorno.

Cinco kilómetros.

Anochece en la Sierra Niña[*] senderiana. Álzanse, protectoras, las primeras edificaciones; saludan los árboles del puente la familiar figura que, imparable, los bordea y rebasa.

 

«(…) yo sé muy bien que todo lo que puede imaginar nuestra fantasía o nuestra razón está en la realidad, porque sólo puede alcanzar nuestra capacidad de ensoñación aquellas cosas que están en el campo del cual hemos venido y dentro del cual nos movemos y del cual somos subsidiarios.»Ramón J. Sender, MONTE ODINA (1980).


[*] Nombre con el que se refiere Ramón J. Sender a la Sierra de Guara.

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“Entre ramajes”: Archivo personal


A las siete y media de la mañana los españoles alojados en el hotel Ibis Paris Porte d’Orléans ya han tomado ruidosamente el comedor: La muchachada de Zizur, en viaje de estudios, hace acopio, en sus mochilas y bolsas, de panecillos, fiambres y bollería expuestos en el buffet; el grupo de talludos turistas madrileños, llegados la tarde anterior, se abre paso entre la impaciencia juvenil para acceder a las cafeteras y jarritas de leche; Étienne e Iliane, bien posicionados ante el mostrador de los desayunos, van llenando de viandas cuatro platos mientras la veterinaria, Oroel y Rosa-Ana se proveen de mantequilla, mermelada, azucarillos y una cafetera de cerámica que, dados su peso y temperatura, está hasta los bordes de café muy caliente. “Si son capaces de comerse todo lo que se han llevado…”, dice Agustín, uno de los madrileños, señalando a los estudiantes que, bien aprovisionados, se dirigen fuera del hotel. “Nosotros vamos ahora a Versailles”, explica. “¿Y vosotros…?” “Nos quedamos en Montrouge”, le responde Oroel.

[…]

El cementerio de Montrouge huele a lavanda y a piedra de cantería. La lápida de Emilieta es verde, con el nombre de ella grabado en filigrana plateada y, junto a la jardinera con petunias, la pequeña reproducción de la pirámide del Parque Mártires de la Libertad, donde el nombre de su padre, fusilado en Huesca cuando Emilieta apenas contaba dos años, fue rescatado, junto con otros, de la memoria renacida y leído, con voz susurrante, por la nieta, aferrada al atril y al recuerdo de su madre, hija del homenajeado. “Qué injusta es la muerte, qué injusta”, repetía. “Tenía que haber estado aquí mamá”.

[…]

A las siete y media de la tarde apenas quedan huecos en el restaurante más económico de la parisina calle Rivoli, donde algunos de los estudiantes de Zizur, compañeros de alojamiento en Montrouge, les hacen sitio mientras deciden qué plato combinado elegir. Terminan pidiendo, al unísono, por iniciativa de la veterinaria, bœuf bourguignon.

Es, para todos, la última noche.

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“La revolucionaria de la trenza holandesa”: Archivo personal


La cita con Lola Haas es en los jardines del Pavillon Carré de Baudoin, un edificio del siglo XVIII, de arquitectura palladiana “que fue morada de los Goncourt” —explica— y que contrasta —“Observen, observen las diferencias, mes enfants”, ordena, más que sugiere, Lolacon otro edificio anexo mayor y sin ornamentos jónicos que sirvió, primero, de orfanato regentado por las Hermanas de San Vicente de Paúl, convirtiéndose, posteriormente, en Casa de Socorro y en hogar para jóvenes desarraigados. En 2003 el ayuntamiento parisino compró toda la propiedad, la rehabilitó y la transformó en espacio cultural.
Todavía se mantiene, en el tímpano de la imponente puerta principal del edificio añadido en el siglo XIX, el lema «Laissez-venir à moi les petits enfants».


—Y ahora, en marcha, mes enfants.

Si nos vuelve a llamar mes enfants, me largo”, se enfurruña Iliane. Lola Haas, profesora de Español, prima lejana de Agnès Hummel y tan voluntariosa como agobiante cicerone por el barrio de Ménilmontant, al noreste de París, enfila al grupo evitando la iglesia de Notre Dame de la Croix —“No hay tiempo para eso, mes enfants—¨; les hace descender por el boulevard y detenerse en cada callejón, ante cada grafiti y taller artesanal, en demencial caminata zigzagueante donde se entrecruzan lo pintoresco, lo anodino, lo cutre y lo chic.

Maurice Chevalier también era de esta barriada. De ahí la plaza que se le dedica. Aunque… quizás sois demasiado jóvenes para saber quién es Maurice Chevalier, mes enfants… Pero nadie, nadie como la petite Môme… Ah, la Môme… No esperéis un museo al uso…”, parlotea entre pintadas, tabernas, bancos, bicicletas, tenderetes, bistrós, chirridos, martillazos, cláxones, voces y olores a comida, especias y orines, antes de llegar frente al apartamento-museo de Édith Piaf, la Môme, en la calle Étienne-Dolet, que ya han recorrido tres veces. “No se pueden hacer fotos”, advierte, mientras ses enfants curiosean entre fotografías, carteles, cartas, bibelots, trajes, zapatos y abalorios de la artista y se llena el apretado ambiente con su hermosísima voz cantando Sous le ciel de Paris

No remite la cháchara bienintencionada de Lola Haas hasta que, ya en la mesa reservada para la cena en el pequeño bistrot Chatomat, van llegando los platos de apio asado en crema de parmesano y Lola se disculpa para ir al baño. “Qué mujer… Si más que profesora parece que sea oficial del ejército… ”, dice Iliane. “Del Ejército Rojo, por lo menos”, bromea Étienne. “O de Lutte Ouvrière… Es o era trotskista, como Agnès”, afirma la veterinaria. “Hum… Será la militante más veterana, entonces. ¿Cuántos años tendrá esta mujer…?”.


Reaparece Lola, con su trenza holandesa recompuesta y los cristalitos que decoran los puños de su blazer primaveral tintineando levemente.

Anochece en el otro París.

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“Cartel”: Archivo personal


«Desde hace varios años se está produciendo una hipertrofia de la regulación del terrorismo, ampliando los tipos penales hasta el extremo de anticipar la respuesta penal a conductas que están muy alejadas de constituir una amenaza a la paz social.».- Mercedes Alonso, profesora de Derecho Penal en la Universidad de Valladolid.


Les braves gens pueden reposar sin sobresaltos la cabeza en las almohadas: Las Fuerzas Constitucionales de la Ley, el Orden y las Buenas Costumbres, acaban de desarticular la mayor banda terrorista de los territorios de las Españas.


Anarquistas, oigan. Malas gentes. Alegales. Amorales. Anticlericales. Antiestatistas. Antifascistas. Antijerárquicas. Antimilitaristas. Antimonárquicas. Antipatriotas. Antirracistas. Antisistemas. Asamblearias. Ateas. Autogestionarias. Barriobajeras. Bohemias. Callejeras. Colectivistas. Contumaces. Desobedientes. Desubicadas. Extravagantes. Feministas. Globalizadoras. Golfas. Grafiteras. Hippies. Idealistas. Incisivas. Inconformistas. Ingobernables. Insolventes. Insumisas. Insurrectas. Internacionalistas. Irreverentes. Libertarias. Librepensadoras. Mochileras. Motivadas. Obreristas. Parias. Pedestres. Perroflautas. Porreras. Protestonas. Radicales. Rebeldes. Recicladoras. Resistentes. Revolucionarias. Rojinegras. Socializantes. Solidarias. Ultraizquierdistas. Vitalistas.


No mires.
No escuches.
No pienses.
No digas.
No sientas.

[…]

¡¡Calla, terrorista!!


(…)Los anarquistas no tienen alma porque son, ante todo, unos desalmados que no respetan nada, ni la propiedad privada, ni a Dios ni al Rey, ni a la. Virgen Y hasta ahí podíamos llegar, los artefactos pirotécnicos que colocaron los anarquistas del comando Mateo Morral han despertado de su letargo a los nuevos inquisidores y a sus centuriones, el anarquismo vuelve a estar ahí, entre los radicales, los indignados, los insumisos, los republicanos, los antisistema, los del 15 M, forman parte de todas las mareas y son más difíciles de detectar que los yihadistas, por ejemplo, porque a veces no llevan barba y nunca lucen turbante.

Los anarquistas prefieren el desorden a la injusticia y saben que ha llegado el tiempo de desordenar a conciencia el tinglado de la antigua farsa que se tambalea y a la que quieren seguir apuntalando los grandes partidos. Los anarquistas dan mucho miedo a las gentes de orden y de gobierno, los anarquistas siempre están ahí para cuando los gobernantes necesiten amedrentar a sus súbditos. ¡Que viene la mano negra!. O nosotros o el caos… pues el caos, porque a ustedes ya les conocemos y cada día va a ser más difícil que nos vendan su burra. Rebuznan, luego cabalgamos.- Moncho Alpuente.


Ikimilikiliklik es una palabra sin sentido ni traducción posible que aparece en la canción onomatopéyica Baga, biga, higa, del cantautor Mikel Laboa.

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