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Archive for 24 junio 2015

“Edificio de la Judería de Huesca”: Archivo personal


«Yo, Mossé Raenas judío Osce, atendient e considerant que tu Anthonico d’Asín, que ante te dezían Jacobico Rahenas, que en tan tierna edat te fiziés cristiano, e yo me voy por la spulsión de los ditos judíos de la senyoría del Rey nuestro señor e no te quede bienes ningunos para te alimentar, e yo no tengo qué darte si no unas casas sitas en la judería, por tanto renuncio en tu Anthonico d’Asín et en quien tu querrás et mandarás las ditas casas mías.»– Donación documentada el 22 de julio de 1492 de las posesiones de un judío expulsado de Huesca a un muchacho converso.


Extramuros, la Judería. Ya nadie la denomina así. Comenzó a perder el nombre aquellos días de entre finales de julio y primeros de agosto de 1492, cuando los cuatrocientos cincuenta miembros irreductibles de la comunidad instalada desde el siglo XI en el exterior de la muralla, frente a la puerta de Ramián, enfilaron  —oscenses dolientes mas orgullosos de su religión—  el camino que les conduciría lejos, tan lejos, de su ciudad de origen, de la Osce Biella donde la convivencia armónica y la protección de los reyes aragoneses y hasta de la propia catolicísima iglesia trocóse en indisimulado odio de la feligresía cristiana, acometidas, torturas, pillaje, inquisiciones, encarcelamientos y hogueras purificadoras. Marcháronse cuatrocientos cincuenta  ¿o fueron quinientos?—  mujeres, hombres, criaturas de sus hogares y tierra, en triste procesión que grabaron en las pupilas quienes, abocados a abrazar la fe imperante y única, permanecieron entre los muros de sus hogares, con los labios susurrando la filiación de los ausentes y la fe de bautismo de la nueva religión dispuesta para el cotidiano escrutinio de suspicacias y denuncias. Barrio de Mesnaderos, dieron en llamar las autoridades de la Corona al conjunto de casas y callejas donde los plateros, mercaderes, sastres, tintoreros, zapateros, especieros, albarderos, cirujanos y prestamistas judíos desarrollaron sus oficios y sus ritos ancestrales y repoblado, tras la expulsión de buena parte de sus moradores, por cristianos viejos, amén de los nuevos. “Judería. Es la Judería”, insistían los habitantes de la ciudad. Tuvieron que pasar cien años y la promesa de 40 días de indulgencia por parte del obispo oscense Diego Monreal a quienes utilizaran el nuevo nombre para que la denominación Mesnaderos empezara a ser familiar en la ciudad, cayendo, no obstante, en desuso en beneficio de otra que la ciudadanía consideró más acorde con la situación, surgiendo el nombre que ha llegado hasta nuestros días: Barrionuevo.

Conserva Barrionuevo el trazado de sus dos callejas semipeatonales y un conjunto de casas rehabilitadas que llevan con la imaginación a otros tiempos y otras gentes. Y al final de uno de los laterales, durmiente, discreto, abandonado y erguido, un viejísimo edificio  con ligeras modificaciones en su fachada—  que en el medioevo hubo de ser el alma de la Judería: La sinagoga pequeña; la única de las tres levantadas en Huesca que, aun olvidada y desconocida por quienes atraviesan hoy en día Barrionuevo para llegar al centro de la ciudad, guarda entre sus piedras siglos de historia.




ANEXO
La Judería de Huesca, de Antonio Durán Gudiol (Biblioteca Virtual de Aragón).

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