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Archive for 16 febrero 2018

“Aleko y Zemfira”: Marc Chagall.- Escenografía para ballet, 1942


Una vez llegado el grupo del profesor Tarlós al recinto de la Universidad Estatal de Chișinău, los anfitriones decidieron que sus visitantes necesitaban un buen reconstituyente tras los casi seiscientos kilómetros de vía ferroviaria desde Cluj-Napoca y distribuyeron, en vasos de cristal adornados con diminutos racimos de uva, el izvar  un vino caliente elaborado con miel y pimienta, generosa degustación previa a la visita programada para ese mismo día al entramado subterráneo de una antigua mina en cuyas galerías, a ochenta y cinco metros de profundidad, se hallan las bodegas de Cricova, donde, además de agasajar al grupo con las suficientes variedades vinícolas como para terminar con una memorable cogorza, tuvieron el acierto de servir unos pastelillos, denominados vareneki, rellenos de pasta de patata y boletus, que mitigaron drásticamente los efectos etílicos en el organismo. “Guardad algún entusiasmo para mañana, cuando visitemos las de Mileștii Mici”, bromeaba el profesor Tarlós. Ignoraba el buen hombre que parte de sus pupilos ya habían decidido renunciar a conocer más caldos moldavos para viajar a Dolna en pos de Aleksandr Pushkin y la zíngara Zemfira.

En 1820, el joven Pushkin, significado adalid de las reformas sociales en la opresiva sociedad zarista, había sido destituido de su puesto en el Ministerio de Asuntos Exteriores y condenado a un destierro, suavizado por sus buenos contactos con las altas instancias militares, que le llevaría al Cáucaso, Crimea y, finalmente, a Besarabia, en cuya capital, Chișinău, residió cerca de tres años, concretamente en un anexo de la casa señorial de la familia Naumov, convertida hoy en día en Casa-museo de Pushkin. Su estancia en la ciudad moldava no estuvo exenta de problemas  enfrentamientos con las autoridades, arrebatadas discusiones con rivales políticos y hasta un duelo, preludio del que le llevaría a la muerte unos años después—  dado el temperamento apasionado del literato y su vehemencia en la defensa de la libertad y la justicia.

En Chișinău impregnóse Pushkin de las viejas y cautivadoras leyendas zíngaras; impresionado por ellas, durante su estancia en la aldea de Dolna  a cuarenta kilómetros de la vivienda de los Naumov—  como huésped de un terrateniente llamado Ralli, se unió a una tribu rom conviviendo con ellos durante un mes. Fue allí donde conoció a Zemfira, la zíngara, una hermosa mujer que, con el tiempo, convertiría en personaje literario merced a su impresionante poema narrativo Los zíngaros, escrito en 1824 y que no se publicó hasta tres años después debido a una frase del prólogo en la que, refiriéndose a las costumbres y filosofía de vida de los gitanos, escribió:«Famosa y admirable es su inclinación a la libertad sin límites», que las autoridades zaristas consideraron como una crítica a la política imperial y un llamamiento a la insurrección. En Dolna  que en la época soviética se llamó Pushkino, en memoria del escritor—  sigue en pie, convertida en museo, la mansión campestre de la familia Ralli donde se alojó, el considerado fundador de la literatura rusa moderna, en el verano de 1821; no lejos de ella hay un bosquecillo en cuyo claro, dicen, acampaban los gitanos y donde el joven literato y Zemfira vivieron su historia de amor. Poiana [prado] Zemfira, llaman los habitantes de Dolna a ese lugar. Y en él todavía sobrevuela el espíritu siempre libre de Aleksandr Pushkin, “vagabundeando, con los gitanos, masa ardiente, por los parajes de Besarabia”.

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