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Posts Tagged ‘España’

“Tiempo”: Eder López

 

El 10 de julio de 1878, Sindulfo García, sabio zaragozano de unos cincuenta años y doctor en Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, presentó ante eminencias científicas de todo el mundo congregadas en la Exposición Universal de París, su inmensa, extraordinaria y revolucionaria máquina calculada para volar hacia atrás en el tiempo, expuesta, para la admiración del gentío, en el Campo de Marte y dispuesta, a mayor  gloria de la ciencia y del propio don Sindulfo, para emprender inmediatamente tan novedosa gesta.

Así se resumen los primeros capítulos de El Anacronópete[*], una extraña, humorística e interesante novela —con ilustraciones de Francisco Gómez Soler—, que empezó esbozándose como zarzuela, salida de la imaginación y la ironía de Enrique Gaspar, un diplomático y escritor que, sin proponérselo, se convirtió con esta novela en el precursor de las exitosas obras de ciencia-ficción Mirando hacia atrás 2000-1887, de E. Bellamy, publicada en 1888, y La máquina del Tiempo, de H.G. Wells, publicada en 1895.

La obra de Gaspar, cuyo primer borrador terminó en 1881, pretendía, en principio, ser un libreto musical en tres actos, pero la imposibilidad de encontrar un espacio lo suficientemente amplio para su representación, obligó al autor a mantenerla dentro de la narrativa, dividiéndola en veinte capítulos y publicándola como novela, con escaso éxito, en 1887.

En medio de una multitud expectante ante el prodigio que se avecinaba, don Sindulfo y sus acompañantes (su ayudante Benjamín, su sobrina Clarita, la criada de la joven, un grupo de meretrices comisionadas por el Ayuntamiento parisino para que el retroceso en el tiempo las regenerara moralmente y, como polizones, Luis, Capitán de Húsares enamorado de Clarita, y sus diecisiete compañeros de armas) se instalaron en el Anacronópete y “no habría transcurrido un cuarto de hora, cuando un murmullo de dos millones de almas onduló en el espacio. El Anacronópete se elevaba con la majestad de un montgolfier. Nadie aplaudía, porque no había mano que no estuviese provista de algún aparato óptico; pero el entusiasmo se traducía en ese silencio más penetrante que el ruido mismo. Llegado a la zona en que debía tener lugar el viaje, el monstruo, reducido al tamaño de un astro, se paró como si se orientara. De repente estalló un grito en la multitud. Aquel punto, bañado por un sol canicular, había desaparecido en el firmamento con la brusca rapidez con que la estrella errática pasa a nuestros ojos de la luz a las tinieblas.”

Tetuán, 1860; Granada, 1492; Rávena, 696; China Imperial, 220; destrucción de Pompeya; el diluvio; el Génesis… Los navegantes iban y venían `por la historia sin que la aceleración temporal hiciera mella en sus organismos merced al fluido que, en previsión de males mayores, les había hecho tomar don Sindulfo, y que evitaba que sus cuerpos involucionaran, salvo en el caso de las mujeres de vida alegre, a las que no se había suministrado el elixir; cuarentonas al subirse en la máquina del tiempo, se convirtieron, en uno de los regresos de repostaje a París, en jovencitas impúberes que ni siquiera fueron reconocidas por sus clientes habituales.

Pero conforme el Anacronópete marchaba, incólume, hacia el Principio de los Tiempos, se destacaba la locura del sabio zaragozano que, enamorado secretamente de su sobrina Clarita, buscaba un lugar donde a las mujeres no se les concediera su voluntad y así  matrimoniar con la jovencita, obsesión que le arrebató las últimas luces apurando hasta la debacle aquella máquina que con tanto esfuerzo y mimo había creado.

No quiso Enrique Gaspar que sus lectores quedaran con un regusto amargo tras la explosión final del Anacronópete y convirtió en sueño de don Sindulfo García  mientras asistía a una representación teatral de una obra de Julio Verne—  las aventuras relatadas y la máquina misma, para que triunfara el amor entre Clarita y el Capitán de Húsares.


[*] «El Anacronópete, que es una especie de arca de Noé, debe su nombre a tres voces griegas: Ana, que significa hacia atrás; crono, el tiempo, y petes, el que vuela, justificando así su misión de volar hacia atrás en el tiempo; porque en efecto, merced a él puede uno desayunarse a las siete en París, en el siglo XIX; almorzar a las doce en Rusia con Pedro el Grande; comer a las cinco en Madrid con Miguel de Cervantes Saavedra -si tiene con qué aquel día- y, haciendo noche en el camino, desembarcar con Colón al amanecer en las playas de la virgen América. Su motor es la electricidad, fluido al que la ciencia no había podido hacer viajar aún sin conductores por más que estuviese cerca de conseguirlo -y que yo he logrado someter dominando su velocidad-. Es decir, que lo mismo puedo dar en un segundo, como locomoción media, dos vueltas al mundo con mi aparato, que hacerlo andar a paso de carreta, subirlo, bajarlo o pararlo en seco». Cap. III, pág. 27.

 

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“Radio tower”: Frances 1972


Lunes, diez de abril. Condolíase ante su entrevistado la aplicada periodista  voz nítida a través del antiguo transistor de pilas exhaustas—  por el horrísono atentado contra dos iglesias coptas de Egipto y explayábase sobre la cruenta persecución del cristianismo en Oriente. Que no cesa. Y, he aquí, que devanando la madeja del recrudecimiento de la persecución a las religiones seguidoras de Cristo, peroraba: «Pero parece que cuando el cristianismo es perseguido en nuestra tierra… O amenazado, o simplemente insultado, como hemos tenido muestras en nuestro país, en España, recientemente, pues parece que esto no nos parece tan mal, ¿no? Sin embargo, cuando esto sucede en otros países lejanos, pero que esa imagen queda muy bien en el informativo o en el comentario de turno, pues ahí sí que parece que nos conmovemos. ¿No es un poco contradictorio que estemos asistiendo, no hablo de una persecución religiosa a… pero sí de un señalar con el dedo a determinadas personas, por ejemplo en España, y que esto nos parezca algo normal y que no suceda lo mismo cuando la noticia viene de fuera? […]A un nivel más casero, la persecución de otra manera a la religión católica, a los cristianos, la estamos viviendo aquí. Por ejemplo, es lo que está sucediendo en Zaragoza, con la enseñanza religiosa. Solamente la enseñanza concertada religiosa es la que se va a ver afectada por ese recorte, digamos, del concierto. Solamente esos colegios son los que están siendo perseguidos en Zaragoza[…]».


Pues no, distinguida señora locutora; las barbaridades cometidas contra los cristianos coptos no son comparables, ni por aproximación hiperbólica, con los falseados sucesos patrios que usted denuncia en tono acongojado. En España  la supuestamente aconfesional España—  no existe persecución religiosa ni de una ni de otra manera. Ni en Zaragoza ni en la Venta de Ballerías. Ni en la continuada financiación  pública—  del negocio  privado—  de la enseñanza religiosa concertada   que goza de buenos dividendos—  ni en la titularidad  civil—  de algunos edificios que la Iglesia se ha apresurado a inmatricular  con dudosas certificaciones episcopales—  como propios pese a formar parte de los bienes inmuebles de los municipios donde se hallan o estar bajo tutela del Estado por pertenecer a su Tesoro Artístico.


No manipule. No tergiverse. No engañe.


Aunque, ¿qué se puede esperar de un medio que, a la par que se conmovía por la repentina muerte de Carme Chacón, aprovechaba, a renglón seguido, para hacer publicidad, con doliente desparpajo, de un masajeador cardíaco, insistiendo en la importancia de tenerlo siempre a mano…?

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“Lucernario”: Gorka Zarranz Fanlo


Entre el 4 y el 11 de julio de 1937 tuvo lugar en España el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, en el que el Olimpo literario antifascista de la época celebró  en Valencia, Madrid y Barcelona  diferentes reuniones y ponencias para difundir su inquebrantable apoyo a la República sacudida por un año de guerra cuyo final y posteriores consecuencias ninguno de los afamados conferenciantes podía intuir.

A Barcelona acudió un joven Octavio Paz, recién casado con Elena Garro; en su carpeta llevaba un desgarrador poema escrito días antes, cuando le llegó el doloroso rumor de la muerte, en el frente de Aragón, de su amigo del alma José Bosch.


José Juan Bosch Fontseré, el amigo de Paz, nacido en Sant Feliu de Codines, en 1910, llegó a México con su familia en 1913. Instalaronse los Bosch en Iztapalapa, donde el padre, que había militado en España en la CNT, puso un establecimiento de venta de leche.

En 1929, un ya beligerante José Bosch, coincide con Octavio Paz en el mismo centro de estudios, compartiendo pupitre y una naciente amistad. “A él le debo mis primeras lecturas de autores libertarios. Yo le prestaba libros de literatura -novelas, poesía- y unas cuantas obras de autores socialistas que había encontrado entre los libros de mi padre”, escribiría Paz años después.

Bosch se convierte en indiscutible líder estudiantil, promotor de huelgas y altercados con las autoridades educativas. En 1930, una protesta universitaria, encabezada por José Bosch, contra el gobierno mexicano —aprovechando la visita de unos estudiantes de Oklahoma— tuvo como consecuencia la expulsión del país del joven anarquista, que acabaría dando tumbos por España  de donde también fue expulsado—  Francia, Alemania y Argentina, dejando a su paso su impronta ácrata. Finalmente, y gracias a la mediación de su padre desde México, José Bosch consiguió que las autoridades españolas revocasen su expulsión. Al iniciarse la guerra (in)civil, no tuvo dudas y se alistó en las milicias del POUM.


Aquel julio de 1937, en Barcelona, con su Elegía a un compañero muerto en el frente de Aragón temblándole entre las manos, se dispuso el poeta a leer su homenaje al amigo fallecido. Entonces, al levantar la cabeza, cuando, en palabras del propio Paz, “dirigí la vista hacia el público: allí en primera fila estaba José Bosch”. Los ojos de ambos se encontraron unos segundos. Había asombro en los de Paz y súplica en la mirada de Bosch, que abandonó la sala rápidamente. Cuando, acabado el acto, Octavio Paz y Elena Garro se dirigieron al exterior, un nervioso José Bosch interceptó al poeta; le contó que los comunistas estaban masacrando a anarquistas y poumistas, que su vida corría peligro y que necesitaba urgentemente que le gestionara un pasaporte mexicano para salir del país. Paz recordaría que “le dije que esa misma semana me iría de España. Me contestó: Dame el número de tu teléfono, te llamaré mañana por la mañana”. La llamada no se produjo.

Nunca volvieron a verse ni a comunicarse.


José Juan Bosch Fontseré sobrevivió a la razzia comunista, a la guerra y al franquismo. Nunca corroboró o desmintió lo sucedido aquel día de 1937 en su encuentro con el poeta mexicano.

Se cree que falleció en 1991.


«Has muerto, camarada,
en el ardiente amanecer del mundo.»




BIBLIOGRAFÍA

Octavio Paz: El misterio de la vocación, de Ángel Gilberto Adame López.

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“Entre los dedos”: Archivo personal

 

Roza la mano la urna. Tamborilean las uñas sobre el metacrilato transparente de la aprisionada voluntad ciudadana. Resbalan los sobres blancos y sepias entre las yemas de los dedos abocadas al fatalismo y sacude un espasmo cerebral la mente abstraída.

 

«Se acabó lo que se daba. No se acabó el bipartidismo, sino que ganó la delincuencia organizada, los granujas, los maleantes de alma, capitaneados por un tonto malvado. Nada menos que siete millones de granujas, porque tan maleantes y corruptos son quienes han urdido la trama inacabable de la corrupción, los recortes sociales, la ley Mordaza, como todos y cada uno de los que les votan porque les permiten seguir en el poder y porque, cómplices, votan eso: corrupción, mentiras, trampas, abusos policiales y judiciales, leyes retorcidas en beneficio de una clase social, militarización de la vida española, sumisión internacional, clericalización grotesca, pérdida de soberanía, negocios bancarios en detrimento de las economías más débiles, saqueo de las pensiones… ¿Sigo? Para qué. No son mis conciudadanos, sino mis enemigos en lo personal, pueden hacerme daño, a mí y a los míos.»Miguel Sánchez-Ostiz. Artículo publicado en su bitácora Liquidación por derribo bajo el titulo Ganó la delincuencia organizada.

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“Receso en la linde”: Archivo personal


“La derecha tiene las escrituras de propiedad de España, un derecho histórico suyo, y hasta prehistórico. La izquierda ha sido, en cortos períodos, una especie de arrendataria, que está en el poder a cambio de un canon, generalmente bajo forma de paz social. Como arrendataria que es, la izquierda tiene que conservar las cosas, sin cambiarlas, para devolverlas a su legítima dueña tal cual eran, cuando el arriendo acabe. Siendo ésta la situación, es lógica la irritación de la derecha cuando la izquierda intenta introducir reformas de calado, que cambien sensiblemente la finca, aunque sea para mejorarla. «Usted destripe los terrones, abra surcos y siembre, pero no toque los linderos, ni meta jornaleros sin permiso ni subarrendatarios», advierte a la arrendataria. En cuanto ésta se desmanda un poco, va a dar aviso al cuartelillo, donde siempre saben lo que hacer.”
Pedro de Silva: “Las reglas del juego


Nos hemos de seguir adaptando a las necesidades de los mercados nacionales e internacionales“, advertía Juan Rosell, presidente de la CEOE, tras conocerse los resultados de las elecciones autonómicas y locales del pasado domingo. Las intermitencias del Ibex 35 y la presencia de elementos de incertidumbre, de los que alertaba la Moody’s Corporation, copaban los titulares de aquellos medios de información que entienden la participación ciudadana en tanto y cuanto los resultados de la misma se ajustan a las estructuras financieras que dominan la geopolítica internacional.

La pantomima democrática consiste, pues, en permitir y hasta alentar la colocación en los cajones de salida hacia la pista de carreras de corceles, percherones, asturcones, burdéganos y mulos de diferentes establos pero que únicamente alcancen con holgura la meta final los dos o tres bien adoctrinados que ya han decidido los dueños del hipódromo.

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“Flor de Cementerio”: Alejandro Dagnino


Era la menor de los tres hijos  —Alberto, Rosa Mari y María José—  de Alfonso Bravo, taxista, y María Pilar del Valle, ama de casa. La más pequeña, la reina de aquel hogar gozoso. Era estudiante, tenía dieciséis años, un novio de su edad, Javier, y un camino vital, empedrado de ilusiones, que apenas había empezado a recorrer. El 8 de mayo de 1980 la hallaron sin vida, entre matorrales, en el Alto de Zorroaga de San Sebastián.
Se llamaba María José Bravo del Valle.


Alrededor de las siete y media de la tarde del día 7 de mayo de 1980, un anciano encontró, en un sendero de Zorroaga, a un muchacho tambaleante y muy malherido que, en primera instancia, fue atendido por las monjas de una residencia cercana, que lo trasladaron a un hospital donde fue ingresado en la UVI; presentaba hundimiento craneal con fractura del hueso temporal, herida inciso-contusa en la frente, hematoma consecuente en un ojo y raspaduras en espalda y extremidades. Dada su gravedad, apenas era capaz de discernir sobre qué le había ocurrido y sólo recordaba que había oído gritar a su novia, pero que no sabía dónde estaba.

El muchacho, gravemente herido y con claros síntomas de padecer una ligera amnesia, era Francisco Javier Rueda, de dieciséis años, trabajador en una pastelería de Loyola y novio de María José Bravo del Valle, la muchacha a la que él aseguraba haber oído gritar y cuya desaparición fue denunciada a la policía, que rastreó sin ningún resultado la zona donde había sido encontrado Javier.

A las seis de la tarde del día 8 de mayo de 1980, inspectores de la Brigada Judicial localizaron, en una ladera del camino donde había aparecido Javier, el cadáver de la adolescente María José, desnudo de cintura para abajo, con tremendas heridas en la parte posterior de la cabeza y arañazos en tronco y extremidades. La autopsia certificó que había sido violada y, después, asesinada  con golpes reiterados en la cabeza—  unas veinte horas antes de encontrarse sus restos. Cerca del cadáver se hallaban sus pantalones de pana morada pero, sorprendentemente, no había en el suelo rastros de sangre, concluyendo los especialistas que había sido asesinada en otro lugar y arrojada, posteriormente, por el pequeño terraplén.

Pocas horas después de dar a conocer la noticia, el Batallón Vasco Español reivindicó la violación y asesinato de María José y el apaleamiento de Javier, su novio, al que amenazaron de muerte «si no se callaba».
Pese a ello y a las súplicas de la familia —convencida de que la adolescente y su novio habían sido brutalmente atacados al confundirlos con otras personas— la policía se negó a investigar la hipótesis del atentado terrorista. Ni investigación ni actuación judicial ni autoridades presentando sus condolencias a la familia en el entierro. Hubo, en cambio, una contundente carga policial contra las personas que quisieron homenajear a la muchacha en el lugar donde había aparecido su cuerpo. La policía tomó el barrio de Zorroaga durante el sepelio y lanzó pelotas de goma y botes de humo a la concurrencia, cayendo uno de ellos en la vivienda de la familia Bravo-del Valle.


Se llamaba María José; tenía dieciséis años. Su asesinato, reivindicado, no llegó a investigarse en profundidad y jamás se esclareció; no se tuvieron en cuenta las declaraciones de diferentes testigos que aseguraban haber visto a un grupo de personas internándose por el sendero minutos después de hacerlo la muchacha asesinada y su novio, e incluso la ropa que llevaba la joven en el momento del crimen desapareció misteriosamente de las dependencias policiales.





NOTAS

  • Francisco Javier Rueda, novio de María José, falleció en 1988 debido a las secuelas que le dejó la paliza recibida.
  • A María José Bravo del Valle jamás se le reconoció la condición de Víctima del Terrorismo, a pesar de las reiteradas solicitudes de la familia.

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“Cartel”: Archivo personal


«Desde hace varios años se está produciendo una hipertrofia de la regulación del terrorismo, ampliando los tipos penales hasta el extremo de anticipar la respuesta penal a conductas que están muy alejadas de constituir una amenaza a la paz social.».- Mercedes Alonso, profesora de Derecho Penal en la Universidad de Valladolid.


Les braves gens pueden reposar sin sobresaltos la cabeza en las almohadas: Las Fuerzas Constitucionales de la Ley, el Orden y las Buenas Costumbres, acaban de desarticular la mayor banda terrorista de los territorios de las Españas.


Anarquistas, oigan. Malas gentes. Alegales. Amorales. Anticlericales. Antiestatistas. Antifascistas. Antijerárquicas. Antimilitaristas. Antimonárquicas. Antipatriotas. Antirracistas. Antisistemas. Asamblearias. Ateas. Autogestionarias. Barriobajeras. Bohemias. Callejeras. Colectivistas. Contumaces. Desobedientes. Desubicadas. Extravagantes. Feministas. Globalizadoras. Golfas. Grafiteras. Hippies. Idealistas. Incisivas. Inconformistas. Ingobernables. Insolventes. Insumisas. Insurrectas. Internacionalistas. Irreverentes. Libertarias. Librepensadoras. Mochileras. Motivadas. Obreristas. Parias. Pedestres. Perroflautas. Porreras. Protestonas. Radicales. Rebeldes. Recicladoras. Resistentes. Revolucionarias. Rojinegras. Socializantes. Solidarias. Ultraizquierdistas. Vitalistas.


No mires.
No escuches.
No pienses.
No digas.
No sientas.

[…]

¡¡Calla, terrorista!!


(…)Los anarquistas no tienen alma porque son, ante todo, unos desalmados que no respetan nada, ni la propiedad privada, ni a Dios ni al Rey, ni a la. Virgen Y hasta ahí podíamos llegar, los artefactos pirotécnicos que colocaron los anarquistas del comando Mateo Morral han despertado de su letargo a los nuevos inquisidores y a sus centuriones, el anarquismo vuelve a estar ahí, entre los radicales, los indignados, los insumisos, los republicanos, los antisistema, los del 15 M, forman parte de todas las mareas y son más difíciles de detectar que los yihadistas, por ejemplo, porque a veces no llevan barba y nunca lucen turbante.

Los anarquistas prefieren el desorden a la injusticia y saben que ha llegado el tiempo de desordenar a conciencia el tinglado de la antigua farsa que se tambalea y a la que quieren seguir apuntalando los grandes partidos. Los anarquistas dan mucho miedo a las gentes de orden y de gobierno, los anarquistas siempre están ahí para cuando los gobernantes necesiten amedrentar a sus súbditos. ¡Que viene la mano negra!. O nosotros o el caos… pues el caos, porque a ustedes ya les conocemos y cada día va a ser más difícil que nos vendan su burra. Rebuznan, luego cabalgamos.- Moncho Alpuente.


Ikimilikiliklik es una palabra sin sentido ni traducción posible que aparece en la canción onomatopéyica Baga, biga, higa, del cantautor Mikel Laboa.

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“No way out 3”: Marko Beslac

 

El día que enterraron a Valentín cerca de trescientas mil personas formaron el cortejo fúnebre. Recorrieron, andando, los diez kilómetros que separaban el Hospital Clínico del cementerio, en procesión doliente y enrabietada, detrás de Paqui, la hermana de dieciocho años, y del padre, aún con las huellas de los golpes policiales en un cuerpo que la entereza sobrevenida mantenía erguido en pos del féretro del hijo veinteañero asesinado por un policía nacional.

Y sobre el ataúd, la rojinegra.

Una pacífica y legal huelga de los trabajadores del Mercado de Abastos de Valencia. Una orden directa y, aun hoy, difícil de entender, a los policías que vigilaban a los huelguistas: “¡A cargar! […] ¿Es que no tenéis cojones…? ¡He dicho que carguéis!”. Y Valentín González Ramírez, el buen hijo, que acude a proteger al padre indefenso y apaleado en el suelo, al grito de “¡Ya está bien de pegarle!”, segundos antes de que una pelota de goma, disparada a bocajarro, impactara en su pecho, a la altura del corazón, y suspendiera abruptamente, el 25 de junio de 1979, sus proyectos de futuro.



ANEXO



Dicebamus hesterna die…

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“Distorsĭonis”: Archivo personal

 

«Acusarnos [a todos] de violentos es, además de una falsedad, una tontería. Si hubiésemos sido violentos, los 1700 policías desplegados habrían sido neutralizados en un santiamén. No digan estupideces», escribía Julio Anguita en un artículo donde analizaba la Marcha por la Dignidad del 22 de marzo.

 

Los muñidores profesionales  esos que ensalivan la realidad para que se adecue a su patrocinado esperpento; los que encienden un cirio en sus enrabietadas ideas para que los regueros de sangre confluyan a la hora del Telediario; la jauría de misal, teletienda y ruedo rojigualdo; los que canallescamente injurian y vilipendian a la atronadora riada que combate exclusivamente armada de razón y firmeza  jamás conseguirán arrebozar a la irreductible masa soberana que clama, con la acometividad envainada, en callejas, plazas y bulevares.

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“Fade In II”: Marko Beslac


In memoriam
Francisco, 17 años.
Romualdo, 19 años.
José, 32 años.
Pedro María, 27 años.
Bienvenido, 30 años.


El miércoles 3 de marzo de 1976, a partir de las cinco de la tarde, hora de la asamblea obrera, los huelguistas fueron entrando en la iglesia de San Francisco de Asís, del barrio de Zaramaga de Vitoria. Cerca de cinco mil accedieron al templo observados por la policía; uno de los mandos del cuerpo armado contactó con el párroco para que los concentrados desalojaran el recinto y apeló el sacerdote al Concordato firmado en 1953 que otorga a la iglesia protección contra la intrusión policial en sus propiedades…  Segundos después “la policía atacó y asaltó la iglesia con gases lacrimógenos y material antidisturbios, por lo que, presos del pánico y la asfixia, los allí congregados comenzaron a salir huyendo, momento en el que los policías procedieron a golpear y disparar indiscriminadamente tanto sobre los que intentaban escapar, como sobre los que, desde el exterior,  atraían su atención para dejar vía libre a los que abandonaban aquel infierno”.


—(…)¡Buen servicio! […]hemos contribuido a la paliza más grande de la historia—, comunicó por radiofrecuencia uno de los policías intervinientes.


Más de dos mil disparos. Cinco muertos. Ciento cincuenta heridos.


«Hemos contribuido a la paliza más grande de la historia».


La calle  la que Fraga Iribarne, Ministro de la Gobernación de entonces, decía suya—  se llenó de sangre obrera. Y nadie, en los treinta y ocho años transcurridos, fue juzgado ante un tribunal por ello.


Asesinos de razones y de vidas
que nunca tengáis reposo a lo largo de vuestros días
y que en la muerte os persigan nuestras memorias.
LLUÍS LLACH.- Campanades a Morts.



Dicebamus hesterna die…

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