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Posts Tagged ‘feminismo’

“Iliane in Ice”: Gorka Zarranz Fanlo


De regreso en Orreaga, con la helada adherida a ropa y cabellos y el aliento casi cristalizado, descubrió la muchacha que el libro que tan cuidadosamente guardaba en su mochila había desaparecido. “Se me debió caer en la subida a Ortzanzurieta, cuando saqué la cámara fotográfica de Gorka”, dijo. Y a continuación anunció: “Voy a volver a ver si puedo recuperarlo”. Pero la meteorología, la hora inapropiada y la oposición del resto del grupo desbarataron sus planes y Muerte en Persia, de Annemarie Schwarzenbach, se descompone ahora en algún lugar entre Ibañeta y la imponente montaña que vio llorar a Carlomagno la muerte de Roldán. O así lo relataba la propia Iliane, ante una veintena de personas  en su mayoría mujeres, sentadas en sillas puestas en semicírculo—  en la charla dada el viernes cuatro de marzo que, bajo el lema genérico de Femenino Plural, formaba parte del abanico de actividades organizadas por la Asociación de Mujeres del Barrio para este tercer mes del año.


ACOTACIONES

Annemarie. Inteligente y cultivada. Viajera en permanente huida; ansiosa, dipsomaníaca y morfinómana a temporadas, amiga impulsiva, andrógina y lesbiana.

Annemarie. Autora de Muerte en Persia, un diario personal que se inicia en 1933, cuando sube al Orient-Express, en un periplo viajero que durará siete meses y que compone un mapa de tristeza, desesperación, aislamiento y búsqueda interior entre caravanas de camellos, tormentas de arena y ruinas históricas, en un extraordinario y, en ocasiones, alucinante collage literario donde la autora, combinando ficción, hechos sobrenaturales y retazos autobiográficos, realiza una sentida crónica de sí misma bordeando los abismos de la existencia.

Apagóse la vida de Annemarie Schwarzenbach en Sils (Suiza), tres meses después de golpearse la cabeza con una piedra tras lanzarse en bicicleta por una pendiente, quizás buscando la muerte. Tenía 34 años y muchas vidas gastadas.

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“Rincón”: Archivo personal


Son siete, aunque la estupenda camarera que atiende la mesa redonda del rincón sólo cuente seis comensales, todas mujeres en esa edad indefinible que supera los cuarenta. Son seis y Liliana Felipe, que va —mordaz, provocativa e incorpórea— de oreja en oreja, tarareando Las histéricas somos lo máximo, mientras las dos bandejas de caracoles a la antigua se van vaciando con más brío que el Viñas del Vero rosado que se refresca, solitario, en la champanera.

Desfilan las tostadas de pan de cristal con tomate licuado acompañando las lonchas irregulares de jamón ibérico recién cortado.

Más rosado.

Una fuente de ensalada de Camembert, rúcula, membrillo y frutos secos; otra de sardinas a la brasa con romescu. Una más de atún marinado con vinagreta de verduras.

Charla. Risas. Muchas risas. Recuerdos.

Más rosado.

Más recuerdos.

Sorbetes de mandarina y limón. Cafés. Licores. Y Liliana Felipe —siempre presente e invisible— tocando en un piano diminuto Nos tienen miedo porque no tenemos miedo, sentada sobre el cuello de la última botella de Viñas del Vero ladeada en la champanera.

Cuando las seis comensales vuelven a los brillos de la noche callejera, la intangible trovadora argentina les lanza un beso, corretea hasta la esquina e, impulsándose, sube junto al entoldado de paraguas rosas que se balancean al compás del optimismo.

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kroeller4

“Kroeller4”: Gerhard Katterbauer


«Respecto a la serie de afirmaciones que se han hecho esta tarde contra el voto de la mujer, he de decir, con toda la consideración necesaria, que no están apoyadas en la realidad. Tomemos al azar algunas de ellas. ¿Que cuándo las mujeres se han levantado para protestar de la guerra de Marruecos? Primero: ¿y por qué no los hombres? Segundo: ¿quién protestó y se levantó en Zaragoza cuando la guerra de Cuba más que las mujeres? ¿Quién nutrió la manifestación pro responsabilidades del Ateneo, con motivo del desastre de Annual, más que las mujeres, que iban en mayor número que los hombres?».
-Extracto del discurso de la diputada Clara Campoamor en las Cortes, el 1 de octubre de 1931, defendiendo el derecho a voto de la mujer.-


Modista, dependienta, trabajadora de Correos y Telégrafos, profesora de taquimecanografía, abogada —intervino en la defensa de dos encausados relacionados con la sublevación de Jaca—, diputada, conferenciante, articulista, traductora y escritora, a Clara Campoamor Rodríguez, cuyas únicas ideologías confesadas, independientemente de los partidos en los que militó, fueron el republicanismo y la defensa de los derechos de las mujeres, se la acusó de haber ayudado al triunfo de la derecha en las elecciones de 1933, gracias al voto femenino del que fue, en primera instancia, única valedora, enfrentada a las también diputadas Margarita Nelken y Victoria Kent, que consideraban que la influencia de la Iglesia Católica en las mujeres las encaminaba a votar, vía confesionario, a los partidos conservadores.

Las convicciones que la llevaron a luchar por la no exclusión de la mujer de las decisiones políticas, y las circunstancias adversas que le sobrevinieron a raíz de su empeño, fueron narradas en su obra, de carácter autobiográfico, “El voto femenino y yo: mi pecado mortal”, publicada un mes antes del estallido de la Guerra Civil.

Exiliada durante la dictadura franquista —se negó a renunciar a su condición de masona y a denunciar a compañeros de logia, condiciones impuestas por las autoridades para regresar a España—, vivió en Argentina, Francia y Suiza, país este último, en el que falleció en 1972.

Sus restos reposan, por decisión personal, en el cementerio de Polloe de Donosti, por ser ésta la ciudad donde se encontraba —inmersa, como ya se ha comentado, en los procesos por rebelión militar que tuvieron lugar en la capital guipuzcoana, tras los fusilamientos de los capitanes Galán y García Hernández en Huesca— cuando se proclamó la II República.


«Tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural, el derecho fundamental que se basa en el respeto de todo ser humano […]; dejad que la mujer se manifieste y veréis cómo ese poder no podéis seguir detentándolo.»(Op. cit.)

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