Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘gastronomía’

“Noche fogatera”: Archivo personal

 

A las ocho en punto, tres toques de campana fueron la señal para el encendido de las dos hogueras; la de la plaza de la Iglesia, monumental; la llamada Hoguereta de los Jóvenes, en la replaceta de abajo, más recogida, y, ambas, con leña de carrasca, olibera y caxico[1] que prendieron, majestuosas, con llamas que el cierzo, suave mas persistente, ondulaba y disociaba en anaranjadas lenguas que pugnaban por escalar las sombras y vencer al frío.
Sobre las brasas oscurecíanse las patatas, crepitaban las chullas[2] de tocino blanco y enrojecían las longanizas abiertas mientras las gentes, con los rostros ligeramente sonrosados por los vaivenes acalorados de la lumbre y los efluvios del vino cosechero, rodeaban, parlanchinas e impacientes, los ancestrales círculos purificadores.


[1] En aragonés, roble quejigo.
[2] Id, loncha, filete.

Anuncios

Read Full Post »

“Pitanza”: Archivo personal


A las diez de la mañana del día anterior a la Nochebuena, ya estaba el bar del Salón Social con el aforo tomado por parroquianos, turistas y las dos parejas finalistas del Campeonato de Guiñote, con Josefo atendiendo a los habituales acodados en la barra y Olarieta yendo y viniendo, con las bandejas de cazuelitas de lasaña de verduras en imposible equilibrio, entre el personal aposentado alrededor de las mesas, y parte de los miembros de la Charangueta Fara amenizando, en el exterior, a quienes, en la Terraceta de los Fumetas, desafiaban la brisa gélida de la sierra entre rayos solares desdibujados e ineficientes.

Al otro lado de la calle, las encargadas del Mercadillo de los Encantes bailoteaban al ritmo de la música mientras montaban los caballetes para los distintos puestos y organizaban ropas de segunda y hasta tercera mano, restos de vajillas añosas, viejos pucheros de barro cocido, aguamaniles, baúles y un sinfín de objetos y trastos de antigüedad indefinida rescatados de falsas[*] y graneros y adecentados y pulidos a beneficio de Luis, el exmosén, y sus causas solidarias en México, país en el que vive y trabaja entre las personas más necesitadas, tras abandonar el sacerdocio y hacer suya la reflexión del exjesuita Freixedo: “Si ese Dios es mi padre, a mí que me borre de la lista de sus hijos”.


[*] En aragonés, desván, buhardilla.

Read Full Post »

“Nevazo”: Archivo personal


Apenas recorridos tres o cuatro kilómetros desde el túnel transfronterizo, recomenzó a nevar y los copos, que parecían engrosar conforme el monovolumen avanzaba, se mantuvieron constantes hasta las inmediaciones de Saint-Lary, donde empezaron a espaciarse hasta desaparecer, dejando en el aire una gélida estela que transitó el rostro de los viajeros cuando descendieron, notablemente abrigados, del vehículo.

      ¿Cuándo podremos ver a Bingo?, preguntó la pequeña, que todavía recordaba la visita a la Maison de l’Ours del año anterior y su primer contacto con Bingo, un oso pardo cercano a la treintena, criado en cautividad, e hijo de Charlotte, maltratada osa circense, que fue rescatada en 1991, junto con sus hijos, Bingo, Bouba y Apolo, de las penosas condiciones en las que se hallaban. De la familia úrsida inicialmente acogida, solamene sobrevivió Bingo, cuidado por humanos y, debido a ello, incapacitado para subsistir por sí mismo en libertad.


En la casa, Anne-Laure, la dueña —un bellezón de cabellos castaños y enormes ojos color miel— sirve rebosantes platos de garbure a sus huéspedes y en la espartana estancia, caldeada por una enorme chimenea de ladrillos agrisados, sólo se escucha el chisporroteo de las llamas lamiendo los chamuscados tizones y el cantarín roce de los cubiertos en la porcelana.

Read Full Post »

“Al son”: Archivo personal

 

Finalizado el ensayo en el nuevo local que la directora ha alquilado en Iturrama, regresan a Zizur, ya oscurecido el día, en la villavesa[*], con los estuches de los instrumentos incomodando al resto de viajeros que comparten, comprimidos, el atestado espacio del vehículo. Recién apeados y cuando la conductora del autobús se dispone a maniobrar para continuar la marcha, torna Madalina y golpea el cristal de la puerta delantera. “¿Me abres, que he perdido una cosa?”, le grita a la choferesa, que se encoge de hombros y continúa su ruta, sorteando los vehículos aparcados, hacia la rotonda. “¿Y ahora qué pasa? ¿Qué es eso que has perdido?”, se interesa Iliane. “Mi castaña. Se me ha debido de caer en el bus”. Étienne y las chicas disimulan sus sonrisas mientras Madalina lanza improperios en rumano contra la conductora huída. “Chica, que ya conseguirás otra. Ni que tuviera magia…”, interviene la veterinaria. “Tú no lo entiendes… Esa castaña que llevaba en el bolsillo me traía suerte. Me vigorizaba el codo…” “Que sí, que sí. Que era de Indias y que tenía propiedades curativas… Ya me sé la historia de memoria”, se burla Iliane. “Mañana le pillo una a mi madre, que tiene tres muy sobadas en la mesilla, y vas a rasgar la guitarra sin acordarte de que tienes codo”.

Más tarde, en la bajera, con el recientemente fallecido Ricardo Cantalapiedra desgranando sus combativas e irónicas letras, comparten Étienne, Iliane, la veterinaria, Camelia y Madalina los tuppers que Livia, la madre de Camelia y Madalina Cristea, les ha dejado con su exquisita ensaladilla biof y sus deliciosos mici.


[*] Pop., autobús urbano de Pamplona.

Read Full Post »

“Bagatelas”: Archivo personal


La cena comenzó, como la tormenta, a las nueve y media. A la par que las nubes descargaban sobre la carpa una violenta catarata y los relámpagos componían largas estelas luminosas que centelleaban al compás de los truenos, la Charangueta Fara arrancó con la danza de las espadas mientras algunos comensales, de pie junto a las mesas, ondeaban las pañoletas verdes que ornamentaban los respaldos de las sillas y otros, más dispuestos, remedaban el dance entrechocando los cuchillos de la carne y los del pescado. Aún hubo tres bises antes de que los camareros del catering sirvieran los rollitos de lenguado rellenos de langostinos y jugo de cigalas que precedieron a los sorbetes de limón y a las chuletas de ternera lechal con patatas rotas.

Apenas terminadas las namelakas de chocolate y mandarina y servidos cafés y licores, la música de Ixo Rai! señaló el comienzo del baile.

Cuando, pasadas las cinco de la madrugada, los últimos juerguistas daban cuenta del buffet japonés a base de sushi, makis y nigiris y terminaban con los restos de la mesa de encurtidos, una lluvia fina, a modo de sirimiri, servía de sereno colofón de la fiesta.

Read Full Post »

“Receso”: Archivo personal


Entre semana, se reúnen para comer  apenas una hora en una jornada laboral de horarios dispares. Se acomodan al lado de los ventanales que dan a la transitada rotonda, en la mesa blanca con sillas rojas y negras, bajo el reloj de pared que cela su tiempo y parece gruñirles con su apremiante segundero rojo engullendo los instantes y las palabras. Un descomunal televisor en el muro de pizarra desgrana videos musicales que las comensales no tienen tiempo de apreciar, concentradas en la pitanza  tostadas de jamón y queso brie con tomate horneado y especias—  para arañar unos momentos de conversación con el café, antes de que el reloj enloquezca y las obligue a regresar a sus quehaceres remunerados.

Se despiden en la puerta del establecimiento y marchan, con zancadas casi coordinadas, en distintas direcciones. Sin mirar atrás.

Read Full Post »

“Bosque de los Olivos”: A.H.


El día de los crespillos, los nietos de Inazio de [Casa] O Medianero  tío Inazio, el del molino de aceite—  empujaron la silla de ruedas del abuelo hasta el porche de la trasera de la iglesia, donde las humildes hojas de las borrajas, mañosamente rebozadas por las afamadas crespilleras, crepitaban en las sartenes exhalando el familiar olor que avanzaba el posterior goce de los paladares impacientes. “Mira, yayo, cómo canta el aceite”, le decía Luisa al hombre inmóvil al que todos los vecinos saludaban y palmeaban suavemente los hombros y las manos. Él alzaba con lentitud la vista sin mirar realmente, alejado sin remedio de aquellas gentes y aquel entorno que, apenas dos años atrás, componían su mundo. Porque el tío Inazio, el del molino de aceite, fue la mayor autoridad en oliberas de la comarca. “Esos empeltres[*] y negrales[*] van a dar la mejor cosecha”, auguraba mientras controlaba que cada recolector vaciara las olivas en el algorín correspondiente. Luego, cuando el antiguo ruejo molturaba los frutos hasta transformarlos en una masa parda y compacta, trasladaba ésta a los serones apilados bajo la prensa de libra que los comprimía —azuzada por la extraordinaria fuerza ejercida por el molinero— hasta que el aceite fluía y se deslizaba, brillante y arrítmico, hacia el canalillo que discurría, inclinado, bajo el torno. Entonces, el tío Inazio recogía los capachos con las olivas prensadas convertidas en cospillo y acariciaba, disimuladamente, la piedra voladora susurrándole: “Bien, bien”.

Canta el aceite en las renegridas sartenes donde bailan los crespillos. Pero el tío Inazio, el del molino de aceite, ausente e inmóvil en su silla de ruedas, ya no sigue el compás.


[*] Variedades de olivo.

Read Full Post »

“Distensión”: Gorka Zarranz Fanlo


Relajábase la yeguada de [Casa] Foncillas, indiferente a la voz de Melissa Etheridge que parecía llenar el despejado vallecillo circunvalado por arbustos y coníferas. Sólo Caminera, siempre familiar, se acercaba de vez en cuando al grupo humano  semiacostados sus miembros junto a una discreta agrupación de bojes—  para cabecear suavemente a la veterinaria.

Cuando Suzi Quatro tomó el relevo canoro de Etheridge, apareció Gorka, resoplando, con la recia mochila de los almuerzos reparadores. Distribuyó ordenadamente los bocadillos de pan de sésamo colmados de ternasco, lombarda y salsa de yogur y depositó en el centro las gisbergas negras[*], todavía bien frías, que todos se llevaron a los labios con fervorosa ansia.

 

…Y trotó la mañana del viernes, con el sol a cuestas, hacia la tarde.


[*] La Gisberga es una cerveza artesanal elaborada en la comarca oscense del Bajo Cinca. Su nombre es un homenaje a Ermesinda, née Gisberga, primera reina de Aragón por su matrimonio con Ramiro I y madre de Sancho Ramírez, rey de Aragón y Pamplona.

Read Full Post »

“Coffee break”: Archivo personal


Sábado…

Finalizada la Matinal de Teatro Leído, las Tejedoras[*] invitaron a los intervinientes a un aperitivo en la Sala Pepito de Blanquiador, donde una fotografía del autor de la obra, Dario Fo, colocada sobre un caballete, a la entrada, parecía dar la bienvenida a quienes accedían, pasados unos minutos del mediodía, al edificio de la Asociación de Cultura Popular.

Se cumplían quince años de la primera Matinal de Teatro, inaugurada precisamente con Aquí no paga nadie, dirigida, también, por la señorita Valvanera y leída este sábado  con entusiasmo, frescura y buena dicción  por chicos y chicas que cursan estudios de Bachillerato y ESO.

En el centro de la Sala, un largo tablero cubierto con papel continuo blanco alegraba la vista y el estómago con unas fuentes de ensalada de gambas con manzana caramelizada y bandejas repletas de petits-fours dulces y salados que los asistentes se apresuraron a catar.


[*] Nombre que reciben, en el Barrio, las componentes de la Asociación de Mujeres.

Read Full Post »

“Otoño”: Archivo personal

 

Sábado…

Con los chubasqueros veteados de goterones, las botas enlodadas y los rostros encendidos, descienden las caminantes desde la pardina[1] Furtasantos hasta la calleja sombreada de lluvia que se adentra en el Barrio y zigzaguea entre las casas para desembocar en la plazuela donde se ubica el bar del Salón Social. Olarieta, la cocinera y responsable del establecimiento, cabecea tras la barra y dice, socarrona: “Aquí llegan nuestras deportistas pasadas por agua y con más hambre que los pavos de Manolo”. Menos de diez minutos después, ya están las andariegas reunidas en torno a una mesa donde, en apetitoso desorden, humean tazas de café y tazones de leche junto a una fuente de frutas de sartén a donde las manos van y vienen con urgente glotonería.

Cuando, con los estómagos bien cumplidos y las articulaciones algo más reposadas, el grupo se dirige al exterior, retiene Olarieta a la veterinaria que se ocupa de la salud de los gatos del Barrio: “El señor Juan dejó ayer una pozalada[2] de caracoles para ti. Dijo que entre ellos no encontrarías ninguna cabra[3]… Cuando estén bien purgáus, te aviso y, si quieres, os hago un guisote con ajolio[4].”


[1] En Aragón, monte bajo para pastos.
[2] En aragonés, cubo.
[3] Caracol de tamaño más grande con franjas muy marcadas.
[4] En arag., ajoaceite.

Read Full Post »

Older Posts »